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Maite Nolla

Así son las cosas

Por desgracia, nosotros no tenemos tanta cara como Pepiño y no acetamos que los resultados del domingo sean buenos para Ciutadans.

Maite Nolla
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Las elecciones municipales tienen una ventaja y es que realmente tiene que irle muy mal a un partido para que no pueda sacar algo positivo. En algún pueblo, por recóndito que sea, se obtiene un resultado estratosférico que te arregla la noche. El domingo, ese fénix de los ingenios que es don José Blanco aportó, sin embargo, una fórmula infalible para celebrar la noche electoral a lo grande. Don José se plantó ante el micrófono y dijo, con toda la cara, que si excluimos Madrid el resultado del PSOE había sido sensacional. ¡Es genial! Descartas, esto sí, esto no, y te queda una valoración estupenda. Si quitamos Madrid, es decir, si excluimos a 2.975.043 votantes, todo lo demás es perfecto.

Bueno, si eso lo dice el PSOE y se queda tan ancho, la valoración de un partido pequeño como Ciutadans no puede ser muy diferente: si tenemos en cuenta Gimenells y Pla de la Font y excluimos el resto de Cataluña nos ha ido la mar de bien. Aplicando la teoría Blanco, hemos otenido un gran resultado.

Por desgracia, nosotros no tenemos tanta cara como Pepiño y no acetamos que los resultados del domingo sean buenos para Ciutadans. Quizás pusimos el listón muy alto, pero nuestro objetivo era entrar en los ayuntamientos de Barcelona y Tarragona, por nombrar algunos de los más importantes, y el caso es que no lo hemos conseguido. La causa principal es que no nos ha votado el suficiente número de personas. Perogrullo dixit. Es complicado afrontar dos elecciones en diez meses sin un euro. Nuestros candidatos no lo han tenido precisamente fácil y ahora nos damos cuenta que el camino es más largo y difícil de lo que pudimos pensar al principio. En cambio, los resultados en número de votos han sido parecidos a los de noviembre y eso es positivo.

En Cataluña, estas elecciones municipales han tenido cosas buenas y cosas malas. Mala, o mejor dicho, peor, es la abstención. Cataluña se ha situado a la cola de España, en participación, claro. Joan Saura, principal promotor de la abstención, si el voto no iba dirigido a él, manifestó que podía haber cierto cansancio por tantas elecciones seguidas, por el referéndum del Estatut en junio, las elecciones de noviembre y ahora las locales. Al Joan hay que recordarle que los franceses votaron dos veces en menos de un mes, con el 85% de participación. En Cataluña la abstención se ha fomentado desde los gobiernos de Pujol y el tripartit ha aceptado gustoso esta herencia. Si vota únicamente la mitad, un millón de votos es mayoría absoluta, y así gobernaron veintimuchos años. Pero que nadie se engañe; en menos de un año, la gente ha tenido tres oportunidades de votar y se han quedado en casa o en la playa en todas ellas.

La parte buena es que el nacionalismo se queda en un millón cien mil votos, sobre un censo de más de 5 millones de votantes. Lo digo para que los muy ilustres señores del Tribunal Constitucional no se asusten cuando les digan que si sentencian en contra del Estatut el pueblo de Cataluña saldrá en masa a la calle.

No voy a negarles que me hubiera gustado celebrar hoy que Esperanza García era concejal en el Ayuntamiento de Barcelona, ella y otros muchos candidatos de Ciutadans, pero no ha podido ser. Así son las cosas. Por ahora.


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