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Maite Nolla

Cada uno en su sitio

Tarradellas pasará a la historia por haber dicho que los que vivimos en Cataluña somos ciudadanos de Cataluña, seamos o no catalanes, y Prenafeta será recordado por haber tenido que pagar un millón de euros de fianza para salir de la cárcel.

Maite Nolla
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Este año se celebran elecciones autonómicas en Cataluña para que nada cambie. Les ahorraré un análisis pormenorizado, pero vayan haciéndose a la idea de que se va a tripitir el tripartit. CiU y PP no van a sumar sesenta y ocho, y aunque el PP pierda votos, ganará algún escaño si Rosa Díez o Ciudadanos no suman lo suficiente para repetir lo de 2006 y si los votos que pierda el PP van directamente a la abstención y no a estos partidos, que es posible, aunque parezca una contradicción. Tengo casi acabado un estudio en el que concluyo que lo mejor para el PP de Cataluña es no presentarse a estas elecciones y que les iré exponiendo en próximas entregas, como hace Recarte. Sólo un avance, ahora que aún están a tiempo de rectificar: nadie va a pactar con el PP ni que pueda. Únicamente una nanominoría en CiU estaría dispuesta a ello, eso sí, a cambio de nada; y cuando digo nada, digo ni un jefe de servicio en el Alt Pirineu. Pero como hacer pronósticos no se me da muy bien y ustedes ya saben que en Cataluña no se mueve una hoja, les hablaré de otra cosa.

La sociovergencia bajo fianza ha hecho que algunos periódicos remuevan en la biografía de los imputados. Yo lo he leído en e-notícies, y esque hace unos años se publicaron las memorias de Prenafeta, en las que se arrojaba sobre Josep Tarradellas una cantidad de odio similar a la que ha tenido que pagar en euros para salir de la cárcel. Le acusaba, entre otras cosas, de vendedor de azafrán, de manipulador, de enfrentar a las personas y de hacer todo lo posible para que no se aprobara el estatuto de 1979.

 

El pujolismo se encargó de hacer de Tarradellas una figura decorativa, a la que sólo se recordaba por su frase en el balcón de la plaza de Sant Jaume, desprovista de cualquier contenido político. Tarradellas no existe en el sistema educativo catalán. Ni en el periodismo ni para los historiadores. Yo no tengo autoridad para hablar de Tarradellas, así que para los que aún no lo tengan, les recomiendo el libro de Federico La ciudad que fue; un libro que explica lo que pudo ser y acabó siendo Cataluña, y el significado y la importancia de la expresión "ciudadanos de Cataluña".

El pujolismo no tuvo bastante con ignorar a Tarradellas, sino que se le tenía que difamar y humillar, y es que también se ha recordado estos días el sórdido episodio de la expulsión de Tarradellas de la residencia oficial, ejecutada por el pretoriano Prenafeta. El caso es que CiU arrasó con lo poco moderado del catalanismo que podía existir y el PSC asumió encantado esa herencia. Por ello, se quejaba igualmente el hijo de Jordi Solé Tura de que el nacionalismo –PSC incluido– no había tenido con su padre un reconocimiento público antes de su enfermedad; también recordaba que su padre intentó hacer ver a todos que sin la Constitución, Cataluña no sería ni una comunidad autónoma. El problema es que en su partido y en su propia familia –la consejera Tura es su sobrina– no han recibido esa herencia constitucional, sino que son profundamente anticonstitucionales. Y para ejemplo, el último ridículo discurso de Montilla.

Por extraño que parezca, el liberalismo español reivindica a Tarradellas y el nacionalismo catalán crea grupos de apoyo a Prenafeta en Facebook. Pero como el tiempo pone a cada uno en su sitio, Tarradellas pasará a la historia por haber dicho que los que vivimos en Cataluña somos ciudadanos de Cataluña, seamos o no catalanes, y Prenafeta será recordado por haber tenido que pagar un millón de euros de fianza para salir de la cárcel imputado por corrupción y por asociación para delinquir con un dirigente del PSC. Mejor vender azafrán.


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