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Maite Nolla

Contradicción sólo aparente

Lo que quiere Montilla para sus hijos es que tengan una educación diferente y superior a la de los demás y que eso sea una ventaja.

Maite Nolla
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Entiendo la crítica a Montilla por imponer a los demás lo que él puede rechazar comprándolo. De todas formas, lo del colegio privado alemán es algo que se sabe desde hace no sé cuántos años. Lo mismo que el uso de chuletas cuando tiene que firmar en los libros de honor de ayuntamientos, ferias de ganado y otros eventos. Debe ser algo casi genético en el PSC, y si no recuerden cuando Carmen Chacón fue sorprendida en una entrevista en tevetrés y ella alegó: ¡es que soy muy chuletera!  

El caso es que aquí no se puede elegir libremente y gratis, y, por ello, que un hombre al que obligan a comportarse como un fanático decida que no quiere para sus hijos lo que quiere para los hijos de los demás, enfada sobremanera, por no utilizar palabras más gruesas. Enfada lo mismo que si se pudiera elegir, pero entonces la cosa sería más llevadera. Como decimos los abogados, les doy por reproducido todo lo que ya hemos repetido muchas veces sobre los años que ha pasado Montilla en Cataluña sin aprender catalán o sobre el hecho de que el PSC haga nacionalismo con los votos de los no nacionalistas o de que el PSC no es ERC, es mucho peor. 

Y es que lo que puede parecer una contradicción o un gesto de cara dura similar al de Nacho Uriarte, no lo es en absoluto. Lo que le pasa a Montilla es que tiene los medios para que sus hijos sean los gobernantes del futuro, que de eso va esto. El problema es que los hijos de los dirigentes políticos, especialmente los socialistas y nacionalistas, reciben una educación que sus padres no quieren para los hijos de los demás, como les he dicho un poco más arriba. En el fondo, lo que quiere Montilla es que sus hijos sepan hablar y escribir en castellano y en catalán, y si puede ser en inglés y, ya que están, si aprenden otro idioma, pues mucho mejor. Así podrán elegir; podrán elegir estudiar en el extranjero, hacer un máster aquí o allá, presentarse a oposiciones y optar a plazas de la Administración General del Estado o de cualquier autonomía, incluidas las de la Generalitat, claro. Si tienen la mala idea de ser abogados, podrán ejercer en Madrid o en Zaragoza, y lo mismo si son periodistas.  

En cambio, el hijo de un votante de Montilla, por el detalle sin importancia de que en su inmensa mayoría no pueden pagarse el famoso colegio alemán, digamos que tiene su campo un poquito limitado. En definitiva, lo que quiere Montilla para sus hijos es que tengan una educación diferente y superior a la de los demás y que eso sea una ventaja. 

Curiosamente, ya que Nacho Uriarte pasa por aquí, hay una parte del argumento que les he intentado exponer que tiene un pero: los que ahora pretenden crear una élite llegaron al poder sin más mérito que ser funcionarios de partido. Veremos qué les pasará a los hijos de Montilla, preparados a tope, cuando se encuentren con un Montilla, con un Pepe Blanco o con un Nacho Uriarte.


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