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Cuando el PP gana en Salou

Sólo mi querido Albert Boadella es capaz de componer un guión tan cruel, esperpéntico y cachondo a la vez.

Maite Nolla
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En estos momentos mis pensamientos y oraciones están con los doce diputados de CiU que se han quedado en la calle y que van a tener que pasar por el duro trance de volver a su trabajo –en el caso de que tuvieran uno– o que se van a ver obligados a pedir que los recoloquen como caps de servei en el departamento de Medi Ambient, si no se lo quedan los de Esquerra o si no desaparece por impago.

Entiendo su sufrimiento, y es que una cosa es ser nacionalista y otra no reconocer que deben de ser los primeros en acordarse de la madre y de otros familiares de los que iniciaron este "proceso histórico". Deben de pensar que, puestos a quedarse en el paro, que se queden los del Òmnium, si es verdad que son tan patriotas. Por ello, comprendo que exijan responsabilidad, especialmente para reclamar el lucro cesante, que es lo que más tiene que doler. No sólo pueden dirigirse contra Mas, como principal responsable de este despido por causas objetivas, es decir, porque ha pasado de tener 62 empleos a 50 de forma forzosa, sino contra los otrora Grandes de España, y ahora más bien chungos, que han engordado la trola hasta hace una semana, en que empezaron a echar el freno, eso sí, cuando la cosa ya no tenía remedio.

Peor lo tienen los engañados, digamos, morales. Aunque algunas avisáramos de que no existía ningún dato objetivo para creer que los independentistas hubieran aumentado en número, así, de repente, y que el famoso català emprenyat llevaba veinte años emprenyat y por lo mismo que ahora, y que de ello no tenían la culpa ni el Constitucional, ni la sentencia del Estatut, ni los 759 millones ni el resto de patrañas de uso habitual, ahí que se lanzaron en tromba, entusiasmados. Sólo se les pedía que leyeran La Vanguardia, que la regalan en los trenes de cercanías. Hubieran comprobado que hasta los fieles entre los fieles reconocían que Mas es un inútil, que pese a tener la mayor autonomía política de Europa era incapaz de remontar el desastre que administra, y que había montado esta bonita farsa para evitar ser desahuciado del Palau de la Generalitat por no pagar el consumo de luz. Mas podía salir volando por uno de los balcones del palacio de la plaza de Sant Jaume después de no pagar las nóminas de sus empleados o morir como un héroe. Con lo que no se contaba era con que engrosara la lista de grandes desastres de la historia de España; ya digo, hasta hace una semana, en que los Juliana y compañía empezaron a querer reconstruir los puentes que previamente habían incendiado, porque algo debían de barruntarse.

Sólo mi querido Albert Boadella es capaz de componer un guión tan cruel, esperpéntico y cachondo a la vez, con una guinda anecdótica propia del gran maestro que es: el PP ha ganado en Salou y Ciutadans ha sido la cuarta fuerza, y entre los dos obtienen más votos que CiU y PSC juntos. Nada más europeo en Cataluña que Salou. Por eso, si es verdad que Europa ya mira a Cataluña, debe de alucinar con lo que ve. 

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