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Maite Nolla

El artículo 3

Acusó además Montilla a Rivera de no hacer propuestas. Yo tengo una: que Montilla ponga un cine, de verano mismo, y así podrá exhibir sus cosas, incluido un documental a lo Michael Moore sobre los cargos de su señora esposa.

Maite Nolla
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Hace días, con motivo de la propuesta de ley del cine, tuvo lugar un agrio enfrentamiento, como se suele decir, entre Albert Rivera y Montilla en el Parlamento de Cataluña. A Montilla le prepararon la respuesta a la interpelación de Rivera con otra pregunta. La cosa es que Montilla espetó a Rivera que si le parecía normal que sólo un tres por ciento de las películas que se proyectaban en Cataluña fueran en catalán. Como pueden comprender, al oír tres por ciento a los diputados de CiU les entró un sudor frío, pero me cuentan que fue momentáneo.  

La verdad es que si me lo hubiera preguntado a mí no hubiera sabido qué decir. No tengo datos. No sé si tres por ciento es mucho o poco, teniendo en cuenta que el cine no deja de ser algo parecido a un bien de consumo, como los zapatos de Bimba y Lola. Me cuesta entrar en el pensamiento de Montilla, pero supongo que a lo que se refería es que si al diputado Rivera le parece normal que a un señor que tiene un cine le obliguen a echar unas películas que él nunca compraría y le amenacen con multarle en caso de incumplimiento. Desde luego, a mí no me parece ni medio normal. Acusó además Montilla a Rivera de no hacer propuestas. Yo tengo una: que Montilla ponga un cine, de verano mismo, y así podrá exhibir sus cosas, incluido un documental a lo Michael Moore sobre los cargos de su señora esposa. 

Es cierto que lo de la ley del cine se puede ver desde la vertiente de que la administración no es nadie para decirle al propietario de un cine lo que tiene que vender, pero en Cataluña los motivos hay que buscarlos en otra parte. Y es que el pobre artículo 3 de la Constitución se ha convertido en el puchinbol favorito por estos lares. A lo del cine sumen ustedes que se quiere exigir el nivel "C" a los profesores de universidad o que el rector de la universidad de Lérida ha dicho que hay que examinar a los futuros médicos de catalán, harto como está de formar a "gente de fuera". Por "gente de fuera" quiso decir aragoneses, por ejemplo. Debe ser que ha oído a Alicia Sánchez-Camacho decir que en Cataluña no cabemos todos; brillante. 

Pero en Cataluña siempre hay lugar para las sorpresas. Desde que una alcaldesa socialista, en teoría feminista y laica, ataque a una mujer amenazada por un extremista o integrista –cómo se llame– por ser mujer, hasta que en el Tripartit se hayan cansado de ellos mismos, como le ha pasado al hermano de Maragall. Aunque la que yo les quería traer a colación es para mí la mejor de esta semana. Resulta que un senador de Ciu por Lérida ha pedido en forma y por escrito que se pueda hablar catalán en el Senado. Si quieren hablamos de ello otro día, aunque les avanzo que a mí, realmente, no me parece mal; para esto está la lengua común, pero en todo caso si el Congreso y el Senado fueran algo parecido a lo que deben ser, si a un diputado o a un senador no se le entiende es su problema. El caso es que no les añadiré nada, pero ¿quieren saber qué es lo que alega el senador convergente para que le dejen hablar catalán en el Senado? El artículo 3.

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