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Maite Nolla

El cuento de las lecheras

Rubalcaba ha autorizado una manifestación en Madrid que nadie duda de que acabará como lo de Barcelona; así que Rubalcaba, como con lo de Bildu, tendrá la vergüenza y ningún resultado que le sirva.

Maite Nolla
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Visto lo de Sol, la lógica y los precedentes nos deberían haber hecho sospechar que era cuestión de horas que en Barcelona a un ciego le intentaran robar el perro, porque, aunque ciego, era convergente y diputado. Es decir, la misma violencia, que cuando desemboca en Barcelona se descontrola porque aquí nuestros indignados están como los toros de las fiestas populares: resabiados.

Nunca pensó nuestra querida clase política que el enemigo estuviera en casa. Mucho advertir de los ataques de Madrid contra Cataluña y, al final, las lecheras de los mossos han tenido que salvar al Parlament de los que querían saquearlo al grito de "¡os habéis cargado ochenta leyes de un plumazo!". Ése era el grito de guerra de una de las que empaitaba al angustiado diputado de CiU que pedía auxilio. Otra cosa es que la sujeta supiera explicarlo; aunque ciertamente le daba igual, porque de lo que se trataba era de pluridelinquir contra los diputados.

El periodismo nacionalista moderado ha cerrado filas, incluso contra las directoras de cine que han justificado las agresiones a los que le pagaron el miguelito. Lo que pasa es que para demostrar que han aprendido la lección es de esperar que nadie vuelva a reír la gracia de llamar a Boadella "feixista" o de echar estiércol ante las sedes del PP. Poca solidaridad encontramos algunas y algunos cuando en Manresa o en Lérida se celebraban actos de Ciudadanos con más mossos que oyentes, o cuando en Gerona intentaron agredir a Victoria Prego y a Arcadi Espada. Superado el trauma, no se exige un perdón, pero sí un propósito de enmienda de cara al futuro. Nadie entendería bromitas sobre el parlamenticidio, como se hicieron en el pasado.

Lo que sucede es que el golpe del miércoles no desvirtúa la idea de que detrás de la mecha está Rubalcaba. Rubalcaba ha querido hacer de esto su particular cuento de la lechera para intentar que el PP no se lo lleve por delante en 2012 y sigue en ello. Indicios sobran; y si no, recuperen los vídeos sobre el tratamiento que TVE dio a la toma de posesión de los alcaldes, y comprueben la insoportable cobertura y el indecente amparo a cualquiera que llevara un cartel e insultara a un concejal. Y los miembros del Gobierno –los que están grogui y los que no– y los dirigentes del PSOE siempre han querido guiñar el ojo a esta gente. Como Tomás Gómez. Si escucharon ustedes con atención la propuesta del derrotado candidato, éste pedía abrir un "proceso de diálogo" con estos amigos de la humanidad. Como con ETA; con la diferencia de que los indignados no han necesitado cuarenta años de delincuencia, sino un mes y unas tiendas de campaña para que algún socialista decida rendirse. Por no recordar a la que podía haber sido presidenta del Gobierno, la señora Chacón. Cuando aún creía que tenía alguna posibilidad, pedía escuchar a esta gente y aceptar sus propuestas. Es de suponer que la señora Tura le pasará la factura de la gabardina. Pero la prueba definitiva de lo que digo es que, después de todo, Rubalcaba ha autorizado una manifestación en Madrid que nadie duda de que acabará como lo de Barcelona; así que Rubalcaba, como con lo de Bildu, tendrá la vergüenza y ningún resultado que le sirva. Vamos, que tendrá su cuento, pero el de las lecheras; las lecheras de la policía.


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