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El otro pacto fiscal

Si Urdangarín reconoce todo eso y quiere llegar a un acuerdo, algunos con cargo en la Generalitat de Cataluña, en la valenciana, en la comunidad de Baleares, en la diputación de Barcelona... se verán, digamos, señalados con el dedo.

Maite Nolla
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Pongamos que Urdangarín y su socio puedan pactar algo en relación al posible delito fiscal, como, por cierto, han hecho otras grandes fortunas y hasta la familia de algún presidente de la Generalitat –o eso nos dijeron; que luego resultó no ser verdad, porque el delito prescribió–. Eso sí, se podrá pactar cuando entre la Fiscalía, el juzgado y la Agencia Tributaria puedan llegar a una aproximación de cuánto se dejó de pagar y comprueben que no ha prescrito la mayoría del asunto. Desde luego, de ser ciertas las filtraciones, la frase del abogado de Urdangarín, que tanta risa provocó en su día, empieza a tener sentido. El abogado dijo algo así como que se pagaron muchos impuestos, pero que será Hacienda la que diga si fueron o no "los correctos": la regularización de la deuda tributaria, otra vez de moda, y que tanto ayudó a los contribuyentes con cuentas en Liechtenstein. El auténtico pacto fiscal, diría yo.

De todas formas, con independencia de la intencionalidad de la filtración, yo sigo en mi idea de que los delitos muy complejos favorecen al delincuente y que, a lo mejor y sólo a lo mejor, los primeros que están encantados con un pacto son la propia Fiscalía y Hacienda. Vaya, lo del pájaro en mano. De hecho, hasta el Gobierno lo fomenta.

Pero, delito fiscal aparte, las dificultades para llegar a un pacto en relación a la supuesta malversación o a la prevaricación o al tráfico de influencias, no son ni las penas de estos delitos ni determinar lo que se debe devolver. Urdangarín no entraba de noche en dependencias administrativas y se llevaba el dinero depositado en una caja fuerte. Resumiendo mucho, por lo que se le investiga es por conseguir contratos para hacer nada y de forma privilegiada, y por no pagar luego impuestos. Con lo cual, si Urdangarín reconoce todo eso y quiere llegar a un acuerdo, algunos con cargo en la Generalitat de Cataluña, en la valenciana, en la comunidad de Baleares, en la diputación de Barcelona o en el ayuntamiento de Alcalá de Henares, se verán, digamos, señalados con el dedo. Los que pusieron sus firmas en los contratos, los que dictaron resoluciones administrativas, o los organizadores de eventos y jornadas sobre salud y deporte, deberían empezar a preocuparse, o a sumarse al pacto, claro. Y es que todo Alemany necesita su Matas. Con la diferencia de que Alemany no es yerno del Rey; que esa es la segunda parte.  

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