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Maite Nolla

Enmascarador

CiU tiene ante sí la posibilidad de volver a ser el "Partido" en Cataluña y únicamente es necesario no cometer errores y recordar que allí caben todos. Propios, ajenos, independentistas y más independentistas aún.

Maite Nolla
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Con el asunto de la operación "Galgo" una se entera de que, como es obvio por otra parte, lo importante en la cosa del doping es que el día de la competición no te quede rastro. Y para ello o se elimina la sustancia, utilizándola solo para entrenar, o se usan los enmascaradores, que es un nuevo vocablo que ustedes habrán podido leer estos días, y que sirven para eso, para que no se detecte el veneno.

Salvando las distancias, con Artur Mas pasa lo mismo. Se puede hacer el análisis de brocha gorda y decir que ha vuelto el nacionalismo de CiU en su pujolidad máxima, con Prenafeta desfilando por la alfombra roja del Palau de la Generalitat, o se puede afinar un poco y ver que la estrategia de Mas no deja de tener cierta astucia. Para empezar, reconociendo que la crisis y el tripartit colaboraron de forma decisiva en la victoria de Mas, lo cierto es que no necesitó ir al notario para ganar; es más, se dio cuenta de que es posible que actuando de ese modo hace cuatro años, poniéndole flores a Guifré el Pilós, ahuyentara al personal más moderado. Y con la victoria, la investidura y la presidencia publicada en el BOE, Mas quiere recuperar el pujolismo, es cierto, pero en la parte integradora, que algunos pueden pensar que es la parte de engaño. Mas no va a dejar de ser nacionalista, ni de actuar como tal, pero para hacer nacionalismo hay que ganar las elecciones y para eso hay que dar otra apariencia.

Aguantando incluso ciertas tensiones con los funcionarios del partido que esperaban más recompensa después de siete años de sacrificios, Mas va a llevar el principio de la llamada "Casa Gran" a su Gobierno. ¿Y eso qué es lo qué es?, dirán ustedes. Pues que CiU tiene ante sí la posibilidad de volver a ser el "Partido" en Cataluña y únicamente es necesario no cometer errores y recordar que allí caben todos. Propios, ajenos, independentistas como Mascarell, más independentistas aún como la que se encargaba de las embajadas de Carod, moderados, técnicos y enmascaradores. Porque así se pueden calificar algunos fichajes como el de la nueva consejera de Justicia, que no tiene nada de nacionalista. Es cierto que se gana con el tiempo y con el cambio, pero la función de la señora Fernández Bozal será la que llevó a cabo durante años el insigne y agraciado militante de CiU Justo Molinero y su Radio Tele-taxi: Pujol representaba la integración. Mas también quiere eso para él. Y si le nombran "español del año", mejor aún.


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