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Maite Nolla

Este sábado empieza el Tour

Cuesta entender que la imagen del PP en el Congreso sea, por ejemplo, la de los escalofriantes discursos de Beatriz Rodríguez-Salmones, pero, oigan, es de la cuerda; otra cosa es el desprecio.

Maite Nolla
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Después de muchos años compartiendo el mes de julio con un brasas del ciclismo, lo único que sé decir del Tour es Monventú, que, por lo que dice Perico, es como si en la Luna hubieran asfaltado un camino. A mí me gusta más el ciclismo urbano, sobre todo si en la meta te ponen un Yzaguirre con aceitunas, o lo que aquí llamamos una barrecha, que es, como su nombre indica, una mezcla con berberechos, aceitunas, trocitos de navaja y conservas varias. Ya les dije que tengo una Brompton, que es a las bicicletas de ciudad lo que los Jaguar a los coches o un chalé en una pleta de Baqueira al sector inmobiliario.

Hablando de Jaguars, casas en Baqueira y bicicletas, la noticia de relevancia política es que este sábado empieza el Tour y Mariano Rajoy va a aparcar los sinsabores de la política diaria para centrar sus esfuerzos en ver cómo se resuelven los problemas de liderazgo; ¿en el PP? No, en el Astaná. El problema es que la reunión en la Granja puede no haber sido suficiente para dejarlo todo atado durante tres semanas. Por ejemplo, el votante del PP puede amohinarse al oír que Núñez Feijoo considera el nuevo sistema de financiación autonómico insolidario e injusto, mientras que Alicia Sánchez Camacho quiere que sea aún más insolidario y más injusto. El líder del PP no puede dejar al votante con la congoja puesta tres semanas.

Pasados unos meses y sin la careta, tres semanas de inactividad es un período excesivo para saber si la oferta sin competencia y sin principios que está haciendo el PP a CiU sigue vigente, después de que Artur Mas haya amenazado, nuevamente, con coger a sus menos de quinientos mil votantes en las últimas elecciones –lo que él llama el poble de Catalunya- y dar por superado el marco constitucional, si la sentencia de marras y la financiación no le satisfacen plenamente. Es algo así como que Carrie Bradshaw amenace con comprarse unos manolos o Bob Marley con fumarse una china para componer; lo de siempre. Como prueba de que sólo es una amenaza, ha contribuido a la gobernabilidad de España aprobando la muy constitucional ley de educación de Cataluña. Pese a ello, la derecha española tonta y Jorge Moragas, continúan pensando que es el mejor aliado y que lo de presentar un recurso da un poco de pereza, aunque sólo sea por lo lento que va el Constitucional y lo que tardan luego en resolver. Además, están pensando en retirar el otro, como para interponer uno nuevo.

Y lo que va a suceder es que Rajoy va a dejar pasar estas tres semanas para que escampe el asunto del posible adiós de Pizarro. Yo entiendo que la política es como todo en esta vida y que la cosa va por barrios. Cuesta entender que la imagen del PP en el Congreso sea, por ejemplo, la de los escalofriantes discursos de Beatriz Rodríguez-Salmones, pero, oigan, es de la cuerda; otra cosa es el desprecio. ¿Qué Pizarro perdió el debate con Solbes? Puede ser, pero Arenas no va a ganar las elecciones en Andalucía en la vida y ahí le tienen.


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