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Maite Nolla

La SGAE llama a tu puerta

La SGAE se aprovecha de la falta de información sobre el tema de Manolo, Paco o Pili, y bajo la apariencia de un pacto que evite el pleito, obliga a los particulares a firmar un contrato con cláusulas abusivas.

Maite Nolla
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Uno de los méritos de lo que hoy es La Mañana de Federico es haber conseguido que la SGAE sea la institución, persona o cosa más antipática de España. Es cierto que muchos expertos y muchos mosqueados habían denunciado la injusticia que representa la legislación española sobre los derechos de autor, pero llegó Federico y en un par de años ha conseguido que el PP cambiara de posición –de aquella manera– en relación al canon digital, que los periódicos dediquen desplegables al tema y que hasta TVE denunciara situaciones como la de Zalamea, el Abejarrock o la de un local social en Huesca.

Y es que ahora que todo el mundo tiene claro lo del canon, sería conveniente seguir la tarea evangelizadora. Pongamos que alguno de ustedes decide abrir un bar. Al cabo de un tiempo, se les presentará un emisario de la entidad de gestión pidiéndoles una cantidad de dinero, aparentemente muy detallada, que el propietario tiene que pagar por poner música de fondo. El argumento es que ustedes están utilizando música de autores afiliados a la SGAE vulnerando sus derechos de comunicación pública. Es decir, amenizan el vermú, el torrezno o el verdejo con música de autores de la SGAE; o eso dicen. Si deciden no pagar, la SGAE les llevará a juicio, aunque es más que posible que les ofrezcan un pacto. ¿Por qué? Pues porque realmente la SGAE no tiene prueba alguna de que ustedes estén pinchando musiquita de los autores de la SGAE, ni qué día, ni a qué hora, ni cuánto rato. Necesitarían para ello un ejército de inspectores. Y tampoco quieren que haya juicio porque no todos los músicos del mundo son de la SGAE y porque lo que quieren no es una cantidad de dinero –que sería pequeña y antieconómica, teniendo en cuenta los costes del proceso–, sino cobrarles una renta y cobrarla, además, de forma indefinida. Ya sé que les suena el proceder. A mí también y no sé de qué.

La SGAE se aprovecha de la falta de información sobre el tema de Manolo, Paco o Pili, y bajo la apariencia de un pacto que evite el pleito, obliga a los particulares a firmar un contrato en los siguientes términos: a cambio de que el titular del bar pueda pinchar música de los autores de la SGAE, le cobran una renta mensual dependiendo de la superficie del local. En 2008, noventa y cuatro euros por cada cien metros cuadrados. Es decir, que por pinchar música –por la ambientación musical, que se dice- unas doscientas mil pesetas al año, aunque sólo pongan esRadio de fondo.

La licencia es, digamos, optativa, pero de la opción del embudo: tengo derecho a poner música de autores de la SGAE a cambio de una renta. Pero, si no pongo música o si pongo música de otros autores tengo que pagar igual. ¿Y si viene con el mismo cuento otra entidad de gestión? Pues a pagar también según las normas de esa entidad; que luego cada una cobra lo que quiere. Vale que cuando alquilas un garaje es tu problema que lo uses o no; pero nadie te obliga a alquilarlo, ni te amenazan con llevarte a juicio si no lo alquilas.

Si alguno de ustedes se encuentra en esta situación, sepan que el haber firmado un contrato no va estrictamente a misa, ya que se puede anular si consiguen que un juez declare abusivas las cláusulas del contrato. No sólo por que son un abuso, sino también, y lo más importante, porque son jurídicamente un abuso. Abusivas porque se las han impuesto y ustedes no las han podido negociar. No se dejen pisar.

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