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Maite Nolla

La vida te lleva por caminos raros

Lo mejor que ha podido hacer Esperanza Aguirre es ir con la verdad por delante; para lo bueno y para lo malo, porque al fin y al cabo confesar públicamente su enfermedad tiene también un riesgo político.

Maite Nolla
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Si algo se debe aprender cuando te dedicas, ni que sea a tiempo parcial, a la opinión política es que ya puedes currarte un tema que, al final, cada uno acaba teniendo la suya propia y contra eso nada se puede hacer. Por ejemplo, cuando Esperanza Aguirre sobrevivió al tiroteo en Bombay, el que no la criticó por lo de los calcetines, se creyó la mentira del pobre Guardans –que actualmente habita en el limbo político, por chaquetero– de que Esperanza Aguirre había huido dejando al resto de españoles, o españoles de ocho a tres, abandonados a su suerte. Y no faltan los que la critican ya por haberse operado en un hospital público y te lo mezclan con las listas de espera, aunque no tengan ni idea de cómo funciona el asunto. Y si se hubiera operado en un hospital privado la hubieran criticado por pija y elitista. Y otros están con el teclado afilado para cuando empiece la campaña electoral en la que no tardarán en atizarla y le atribuirán el intentar sacar partido de su enfermedad, como si para derrotar a Tomás Gómez fuera necesario demasiado esfuerzo.

Lo mejor que ha podido hacer Esperanza Aguirre es ir con la verdad por delante; para lo bueno y para lo malo, porque al fin y al cabo confesar públicamente su enfermedad tiene también un riesgo político: no sabemos hasta qué punto eso influye en el voto. Es más, viendo el proceder en casos precedentes en los que se han ocultado enfermedades de políticos de primera fila, lo que se podría pensar es que si lo ocultan es, precisamente, porque el efecto no es o debe ser muy positivo en el votante. Por ejemplo, en el caso de Pasqual Maragall todo el mundo se llegó a creer que Zapatero le había traicionado con Mas y que Montilla era parte de esa traición, hasta que Toni Bolaño reconoció en el 59 segundosde Cataluña que si Maragall no había sido candidato en 2006 era única y exclusivamente porque ya estaba enfermo. Pero cuando se tienen principios –tres o cuatro, no hacen falta más– es mucho más sencillo actuar. Vamos, que no hace falta ver el episodio de El Ala Oeste de la Casa Blanca llamado Las dos catedrales, con Brothers in Arms de fondo.

Incluso los buenos políticos acaban limitados por la realidad, por las circunstancias o por unos compañeros de partido ingratos. Y, oigan, hasta aquellos a los que Esperanza Aguirre no les cae nada bien, estarán de acuerdo conmigo que ha demostrado que en las situaciones difíciles siempre tiene claro lo que debe hacer. Aunque sea para equivocarse, a veces.


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