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Maite Nolla

Luis Herrero salió solo en la foto

Mal andamos si un partido con 700.000 militantes no es capaz de montarle un recibimiento a Luis Herrero en el aeropuerto con cucañas, piñatas, una churrería y un puesto de San Miguel para que el Wyoming y Gallardón se tomen una caña juntos.

Maite Nolla
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Normalmente los comportamientos como el de Luis Herrero en Venezuela y sus consecuencias suelen tener su parte heroica y su parte basura. La parte buena de la detención y expulsión de Luis Herrero es la demostración de que hay muchas formas de hacer política, que se resumen en dos: hacer cosas y no hacer nada. Estamos acostumbrados a ver a los políticos actuales, a las portavozas y los portavoces que son incapaces de prepararse media frase contundente y se pasan horas si decir nada. A Luis Herrero le pusieron el micro y dijo que nadie se sintiera amenazado por el dictador; ¡toma! ¡En todo el ojo! Como el mejor Vidal-Quadras de hace unos años, cuando se decía de él que era como el niño que le pone un petardo en el Lladró de la vecina; política directa que sirve para algo.

La parte basura ha sido la reacción del PSOE y de Izquierda Unida. Desde Elena Valenciano hasta la pobre Leire Pajín; te iba a explicar, bonita, que un país no puede tener normas internacionales, pero que te lo cuente Zerolo, que si no me queda el artículo muy largo. Y de Izquierda Unida, curiosamente, la reacción más agresiva en contra de Luis Herrero ha sido la de la parte catalana. Desde el líder Miralles –aun no recuperado del vapuleo de Pizarro en el verano de 2007– pasando por un eurodiputado, hasta el senador Nuet, gran amigo de las democracias orgánicas caribeñas y asistente a una manifestación ilegal en contra de los que se manifestaban contra los Castro, convocados, entre otros, por el escritor Ernesto Hernández.

El PP, a través de su líder, manifestó todo el apoyo a don Luis, pero mal andamos si un partido con setecientos mil militantes no es capaz de montarle un recibimiento a Luis Herrero en el aeropuerto con cucañas, piñatas, una churrería, algodón de azúcar, unos autos de choque con Camela a toda castaña y un puesto de San Miguel para que el Wyoming y el señor alcalde de Madrid se tomen una caña juntos.

No puede ser que el mismo Gobierno que ha hecho gestiones en contra de la piratería en el asunto del Playa Bakio o que se ha apuntado el tanto de la liberación del fotógrafo en Somalia, no envíe a nadie a recibir al eurodiputado español al aeropuerto; no puede ser, tampoco, que los que entregan el premio Pueblo ejemplar 2009 o que acuden a numerosas inauguraciones de ferias y congresos, no manifiesten públicamente el apoyo a un cargo público español, expulsado por la fuerza de un país con cuyo líder nos hemos hecho recientemente la foto.

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