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Maite Nolla

Pepe y el popular

Para barbaridad el estatuto en sí mismo, amén de inconstitucional, antiliberal, intervencionista, antieuropeo, innecesario y chapucero, entre las cosas que se me ocurren, así de repente.

Maite Nolla
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La gresca entre políticos no me ofende y el intercambio de improperios, de vez en cuando, no está mal y le da vidilla al panorama político aburrido y mediocre que nos gobierna. Pero creo que el presidente de una comunidad autónoma no puede dedicarse a insultar a los que le pagan el sueldo.

Montilla ha vuelto a insultar al PP considerándolo un "enemigo de Cataluña". Yo entiendo que dicha cogitación pudiera llevar la autoría del júligan Zaragoza, del ex vocal del Consejo General del Poder Judicial o del candidato de CiU a las europeas, con los que Alicia Sánchez-Camacho quiere pactar a cambio de nada –por cierto, Alicia, deberías ir pensando en dejarlo, de verdad. Pero que lo diga el president de la Generalitat, éste en concreto, no tiene un pase.

Acusó además al PP de no tener respeto por Cataluña. Lo dice un hombre que después de treinta años aquí, la mayoría de ellos en cargos públicos, se expresa en catalán –mi lengua propia, no la suya– como lo hace. De todas formas, que Montilla sea presidente y no conozca la lengua que dice defender tanto, es un efecto directo de la democracia y yo contra eso no tengo nada que decir; que lo digan en todo caso los que le han votado y los que le apoyan. Pero que siendo quien es, viniendo de donde viene, hablando como habla y haciendo lo que hace, por ejemplo, con la Ley de Educación, se pase el día regalando catalanidades, me daría risa si no me diera pena; la Ley de Educación, a la que los nacionalistas llaman la Lec, cuando yo siempre había creído que la Lec es la Ley de Enjuiciamiento Civil.

El huracán Alicia ha devastado al PP de Cataluña, pero no del todo y Daniel Sirera le dio una buena a Montilla a costa del insulto. A Montilla le prepararon la respuesta basándose en frases de dirigentes del PP sobre el nuevo estatuto de autonomía, frases que la prensa nacionalista se apresuró en calificar como que "Montilla le recuerda a los del PP las barbaridades que dijeron sobre el estatut". ¿Perdón? Para barbaridad el estatuto en sí mismo, amén de inconstitucional, antiliberal, intervencionista, antieuropeo, innecesario y chapucero, entre las cosas que se me ocurren, así de repente; con lo que cualquier cosa que se diga del tema, es poca. Yo, a diferencia de muchos dirigentes del PP que se arrepienten ahora del recurso presentado porque les fastidia sus nuevos planes, no sólo hice campaña en contra, sino que lo volvería a hacer. Al fin y al cabo, el estatuto de Cataluña es la clave de la política española y de la política catalana. La actuación del Tribunal Constitucional, que debe resolver sobre la cuestión, hasta la fecha es una vergüenza y prepárense para la sentencia cuando llegue, si llega. Sus señorías sentenciaran, como dicen los constitucionalistas, de forma interpretativa, con lo que la aplicación y el desarrollo del estatuto dependerán, otra vez, de las mayorías políticas y de las mayorías judiciales y no de la Constitución, como debería.

La vida te lleva por caminos raros –que dice la canción– y al final, al que le ha tocado defender el honor de su partido y de sus votantes ha sido a Sirera, al que Alicia quiere jubilar; ella está a otras cosas. 


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