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Maite Nolla

Pro catalán a ratos

Zapatero acepta y apoya que los españoles ya no seamos iguales; depende de la comunidad en la que vivimos, porque ni siquiera ellas son iguales entre sí.

Maite Nolla
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Zapatero se ha declarado pro catalán. Pro nacionalista, quería decir. El presidente del todo declara que quiere más a una parte. Todos estos años de esfuerzo desde Cataluña han tenido recompensa. Siempre hemos dicho que los catalanes no somos como los murcianos que, como ustedes saben y para cabreo de Pablo Molina, es el ejemplo que los nacionalistas catalanes ponen siempre para rechazar cualquier forma de igualdad y para reivindicar la asimetría; aunque nuestro presidente sea de Córdoba y tengamos dos ministros catalanes de origen almeriense y extremeño. El caso es que por fin han conseguido que un presidente del Gobierno de España haya asumido ese discurso y que lo diga en público. Es decir, el presidente acepta y apoya que los españoles ya no seamos iguales; depende de la comunidad en la que vivimos, porque ni siquiera ellas son iguales entre sí.

De todas formas, estas declaraciones para satisfacer a los de los editoriales comanditarios no son como parecen o son menos de lo que parecen. Y hay que reprochar al PP que no se entere de nada, porque ni siente ni padece. Ellos se dedican a la poesía y al ciclismo. Les digo esto al hilo del descubrimiento arqueológico reciente de que cuando Montilla era ministro consideraba inconstitucional gran parte del contenido del estatuto, –los servicios jurídicos del Ministerio de Industria, tampoco hay que pasarse–; por cierto, incluso más que lo que ha declarado finalmente la sentencia. Y eso pasa con muchas otras cuestiones. Por ejemplo, con las multas lingüísticas, defendidas por todo el PSOE, de Zapatero para abajo, pero que la Abogacía del Estado del señor Caamaño considera ilegales, sobre todo cuando le cascan las multas a Correos. Y en el PP, donde le pegas una patada a un Jaguar y te sale un abogado del Estado, no se enteran y no son capaces de ir al Congreso a decirlo.

Pero es que estos días se ha conocido que el Ministerio de Medio Ambiente –o cómo se llame ahora– está litigando contra la Generalitat por la competencia sobre agua. Uno de los síntomas que demuestran que en España se han creado fronteras es que cualquier paleto se enrosca la boina y dice que el río que pasa por su pueblo es suyo, aunque recorra media España y pase por seis comunidades diferentes. En eso el PP ya ha abandonado cualquier lucha y si no les remito a lo que sobre el agua dice la señora Cospedal. La cuestión es que, como en casi todo, el nuevo estatuto considera a Cataluña en esto un territorio independiente. Sucede que dos de los ríos de mayor importancia en Cataluña, que son el Ebro y su afluente leridano, el Segre, transcurren también por territorio aragonés y aquí viene el problema. Según mis noticias la Abogacía del Estado ha interpuesto no menos de treinta demandas contra la Generalitat, por considerar que la Agencia Catalana del Agua se ha arrogado atribuciones de la "CHE" –Confederación Hidrográfica del Ebro– sobre la materia. Es decir, Zapatero acude a los tribunales contra la dignidad hídrica de Cataluña. Urge otro editorial conjunto, aunque sea sectorial. Ya ven, pro catalán sí; pero a ratos.


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