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Maite Nolla

Que le den la aljaba

Que paseen a Rajoy por Cataluña no tiene ninguna consecuencia al margen del autobombo de los palmeros habituales, ya que no va acompañada de ninguna idea o estrategia. Vamos que el partido sigue en manos de los de siempre, para hacer lo de siempre.

Maite Nolla
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Algo funciona mal en España cuando se valora como un elemento político de relevancia que Rajoy haya visitado más de quince veces Cataluña en dos años. De hecho, el fin de semana pasado un periódico de tirada nacional premiaba a la presidenta del PP de Cataluña por ese motivo con una flechita hacia arriba; pero porque no tienen algo más gordo, como una lanza o un cohete espacial. Los periodistas de derechas se alinean con los suyos, hagan lo que hagan, y se reservan las críticas para los socialistas. Y la falta de crítica de los propios, provoca que los políticos pierdan el norte y hagan el ridículo como la señora Camacho, que utiliza su propia imagen como si fuera Obama y, no contenta con eso, presenta libros sobre Cameron, simplemente por el gesto, aunque todo ello no signifique nada. 

La cuestión es que a falta de algo de contenido hacemos de las visitas de Rajoy algo a valorar. Y para rellenarlo, se vincula a un intangible y difícilmente evaluable aumento de la presencia del PP de Cataluña en la vida política de por aquí, mientras que no se dice nada del estancamiento en las encuestas ni de la muy palpable pérdida de votos que se produjo en las Europeas. Que paseen a Rajoy por Cataluña no tiene ninguna consecuencia al margen del autobombo de los palmeros habituales, ya que no va acompañada de ninguna idea ni de ninguna estrategia. Vamos que el partido sigue en manos de los de siempre, para hacer lo de siempre.  

Y así se entiende la reunión de Rajoy con Montilla. Incluso podemos dar por buena la justificación que da el PP, relativa a que hay que superar el pacto del Tinell; un pacto que fue uno de los episodios de mayor vergüenza política de los últimos años, precursor de lo que vino después con el estatuto. Así, podemos aceptar la reunión como un síntoma de normalidad, que parece que es a lo que aspira el segundo partido nacional en la segunda ciudad más importante de España.  

Lo que sucede es que, aceptando todo eso, lo que no se puede tolerar es que Rajoy no defienda a sus militantes y votantes, teniendo oportunidad para ello. Desde el último intento frustrado de votación estatutaria el presidente de todos los catalanes se ha dedicado a decir, haciendo un resumen, que el PP fomenta la catalanofobia. No sé, don Mariano, diga usted algo, que es su partido. Y claro, si Rajoy no defiende siquiera a sus votantes, ni a sus militantes, ni a su propia organización política, tampoco podemos esperar que defienda a las instituciones del Estado. Porque no las ha defendido, aunque mañana le pongan todas las flechas que caben en la aljaba de Robin Hood. Vale que ha dicho que no va a retirar el recurso, pero ni una palabra de las decenas de leyes que el Tripartit ha aprobado en desarrollo del estatuto. Ni una palabra diciendo que si el PP gobierna y la sentencia le da la razón, lo primero que hará es revisar el contenido de todas y cada una de esas leyes. Ni una advertencia sobre que si llega la sentencia tendrá que cumplirse. Ni una palabra de reproche a la auténtica insumisión que el señor Montilla ha encabezado contra el Constitucional y contra el Estado de Derecho; nada. Una cosa, el pacto del Tinell no se supera aceptándolo.


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