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Maite Nolla

Sinceridad rural

el presidente de la diputación de Lérida, de ERC, han descubierto que las provincias son un elemento español, pero que el sueldo de presidente no está nada mal. Y, claro, de suprimir la diputación, nada de nada.

Maite Nolla
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No es cierto que las veguerías sean un capricho. Las veguerías son un símbolo nacionalista que pretende hacer desaparecer a las provincias porque son un elemento extraño a Cataluña. Así se decía, más o menos, en una ley que aprobó Pujol en los años ochenta. Y tampoco tengo muy claro que sean una forma de resucitar a la conurbación de Barcelona. En realidad, creo que más bien lo que pretenden es castigar el voto urbano. Las veguerías, entre otras cosas, se crean con una finalidad electoral que es servir de circunscripción. En la medida en que la ley obliga a asignar un mínimo a cada circunscripción, un diputado por la veguería del Alto Pirineo será mucho más barato que un diputado por Barcelona. Y eso favorece a CiU y a ERC y perjudica a los demás. 

Les pido disculpas por la pesadez, pero que se haya presentado un proyecto de ley relativo a las veguerías es culpa del Tribunal Constitucional que lleva casi cuatro años tocando el violón. Efectivamente, el Estatuto de Cataluña regula las veguerías y prevé que éstas sustituyan a las provincias y, por ende, a las diputaciones, cosa que hoy en día sólo se puede hacer por ley del Congreso. Además, sabemos que el Ministerio de Justicia ha elaborado un informe que dice que las veguerías son poco menos que inconstitucionales y, como mínimo, inviables. Mientras el Estado utilice la provincia como referente para organizar juzgados, audiencias, la Agencia Tributaria o la Seguridad Social, las dichosas veguerías no tienen más sentido que el que les anunciaba unas letras más arriba. Sí, sí, yo también me pregunto por qué si el Gobierno tiene este informe el estatuto se aprobó con las veguerías en su seno. 

El caso es que el proyecto de las veguerías ha desatado las disidencias como en La Vida de Brian o en Asterix y los Godos. En el PSC, algunos alcaldes, como el de Lérida, consideran esto una inutilidad si no va acompañada de la supresión de otros entes y la disminución de funcionarios y de cargos. Lo cual está muy bien y es muy sensato, si no fuera porque estaban más que avisados de su inviabilidad y porque, como parte de la comedia del editorial conjunto, firmaron un manifiesto de alcaldes a favor del estatuto en fechas recientes.  

Otros, como el presidente de la diputación de Lérida, de ERC, han descubierto que las provincias son un elemento español, pero que el sueldo de presidente no está nada mal, sobre todo si tenemos en cuenta que gobierna porque los socialistas, que son mayoría, le han entregado el poder. Y, claro, de suprimir la diputación, nada de nada.  

Otros han abierto interesantes debates de alto nivel político: ¿la veguería de Tarragona debe llamarse "Tarragona" o "Camp de Tarragona"? O, ¿dónde está la veguería del Penedés? 

Pero a mí el que más ternura me despierta es el alcalde del bonito pueblo de Sort, famoso por la lotería y porque mi marido es natural de allí, por más que diga que es de Valladolid. Pese a ser nacionalista, el alcalde se ha caído del caballo y ha dicho que lo que necesita el Pirineo no es una veguería sino una carretera. Sinceridad rural.

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