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Maite Nolla

Traspaso de poderes

La cara de Rubalcaba sólo era comparable a la de Duran i Lleida. Aunque veremos en qué se concreta la reforma de la Constitución, los nacionalistas han entendido perfectamente de qué va esto.

Maite Nolla
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Podemos discutir sobre la necesidad de la reforma sorpresa de la Constitución, sobre su justificación, su eficacia o sobre si es mejor y más conveniente que sean los diputados que salgan elegidos el día 20 de noviembre los que lleven a cabo el cumplimiento de la obligación impuesta desde fuera. Pero al margen de todo ello, lo que se vivió el martes en el Congreso fue un auténtico traspaso de poderes, pactado, ordenado y sorprendentemente civilizado. El Gobierno por salir entrega el poder al Gobierno por entrar. Zapatero, obligado –eso sin duda–, señala públicamente a Rajoy y lo reconoce ya como el próximo presidente del Gobierno que debe llevar a cabo ésta y otras muchas reformas. En el último momento deja a un lado su proceder habitual de hacer y deshacer no sólo sin el PP, sino contra la mitad de España que el PP representa, y convierte en un mero trámite las elecciones de noviembre. Por eso Rubalcaba estaba que no daba pie con bola. Se acabó para él, si es que alguna vez tuvo alguna opción. El pacto no es entre el Gobierno, el PP y el PSOE: es entre el Gobierno actual y el que vendrá; que no es lo mismo. Y Rubalcaba no puede ni quejarse.

La cara de Rubalcaba sólo era comparable a la de Duran i Lleida. Aunque veremos en qué se concreta la reforma de la Constitución, los nacionalistas han entendido perfectamente de qué va esto. Casi al mismo tiempo en el que Duran saltaba al ruedo para dar una de sus habituales lecciones de equilibrismo tramposo, el portavoz de la Generalitat daba la auténtica opinión del nacionalismo: el nacionalismo es lo primero, así que no cuenten con nosotros para autolimitar nuestro autogobierno. Vaya, el nacionalismo catalán que siempre ha pretendido entroncar con la Unión Europea sin pasar por la España profunda, se comporta de manera, digamos, gamberra. Y es que ni que sea de forma moderada y de momento sin concretar, la crisis y la Unión Europea han producido un leve efecto loapizante que es de agradecer. Tanto tiempo avisando de la llegada del lobo centralista, es más, algunos viven sólo de eso, y resulta que el orden y la armonización se imponen desde la misma Europa que les debía dar cobijo. Vamos, que si quieren quejarse, que vayan a Merkel y a Sarkozy con ese rollo. Al fin y al cabo, el promotor de la reforma, ni que sea su autor mediato, que se dice, es el mismo tipo que en su momento se puso a su servicio, pensando que el pacto con el nacionalismo era una de las vías de exclusión de la derecha. Y es que Zapatero ha preferido en estos siete años a cualquiera antes que al PP. Ha confraternizado con ERC, con el PNV, con los nacionalistas canarios, con Mas y con Duran, por no hablar de sus relaciones extraparlamentarias. Pero, lo que es la vida y la política, el poder se lo entrega a Rajoy con los taquígrafos dándole a la tecla.


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