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Mañanita Ochoa

Contratos y maltratos

Los maltratos siempre salen caros y dejan heridas abiertas por mucho tiempo.

El matrimonio debe ser uno de los más viejos contratos del mundo. Y uno se pregunta, ¿para qué firmar un papel si nos queremos tanto y para toda la vida? En Francia, hoy día, donde la vida es tan larga y las tentaciones tan vastas, hay cinco tipos distintos de contratos matrimoniales. No sabemos cual de ellos firmó Sarkozy.

La gente compra y vende, se quiere y se desquiere firmando contratos. Los niños en el colegio firman contratos en los que se comprometen a hacer las tareas o serán castigados.

Los contratos evitan y corrigen los maltratos. Si una esposa la emprende a golpes contra el marido, lo patea y lo humilla en público, el pobre esposo aterrado por tanta ira inesperada, puede acudir a la letra del contrato matrimonial y pedir que nuestra civilizada sociedad lo proteja de tanta agresividad inmerecida.

Las empresas y los gobiernos firman contratos continuamente, para civilizar sus relaciones. Se intercambian promesas justas y claras a cambio de inversiones, trabajo y fomento de la productividad. El contrato protege a ambas partes de todo tipo de abusos de cualquiera que se levante de mal genio, arrogante, engreído o esté simplemente desequilibrado.

A los gobernantes, que se les sube el poder a la cabeza y se les pervierte el espíritu, conviene recordarles que los contratos no son otra cosa que promesas vinculantes de que no va a haber maltratos. Los gobiernos tienen pistolas, rifles, metralletas y hasta bombas atómicas, así que estos papelitos llamados contratos es lo único que tienen las personas desarmadas para evitar o suavizar el abuso. Detrás de las empresas modernas y sus contratos hay millones de personas pobres, ricas, sabias e incultas, que confiaron en ellas para invertir unos realitos o realotes, ahorrar y poder comprar medicinas, comida, coches, y poder pagar los contratos que firman ellos también para encaminar sus vidas. Hasta para pagar por un triste divorcio, la pobre mujer que no podía contener su ira tiene que sacar parte de sus ahorros o los de su marido para finiquitar el matrimonio maltratado.

Ya se imaginan por dónde vamos. Ya se verá qué pasa con la demanda de una compañía petrolera que se ha sentido maltratada por el Gobierno venezolano después de firmar muchos contratos. El coste será alto para todos. Los maltratos siempre salen caros y dejan heridas abiertas por mucho tiempo. Como un buen perro que se lame las llagas con cara triste, nos tocará lamernos tanta herida que deja el abuso y la indiferencia a los contratos.

© AIPE

Mañanita Ochoa es analista venezolana.

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