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Discursos y más discursos

Las familias con recursos económicos no necesitan que el gobierno les provea alimentos, educación ni atención médica. Cuando hay prosperidad económica (desarrollo), los ingresos fiscales permiten que los gobiernos las provean a los menesterosos.

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Los políticos, expertos extranjeros, analistas, organismos civiles y los representantes de países bien intencionados y cooperadores continuamente dan discursos sobre la necesidad de eliminar la pobreza, lograr mayor desarrollo, eliminar el crimen, afianzar la seguridad jurídica, mejorar las instituciones de salud, la alimentación de la juventud, educación, educación y más educación, más empleo y tantas otras cosas buenas que todos deseamos. No hay que convencer a nadie de las bondades de tales aspiraciones, reiteradas como si fuese un concurso de oratoria para ver quién las dice con más elegancia y fervor. Nadie está en descuerdo.

Todas esas aspiraciones se alcanzan creando riqueza. Las familias con recursos económicos no necesitan que el gobierno les provea alimentos, educación ni atención médica. Cuando hay prosperidad económica (desarrollo), los ingresos fiscales permiten que los gobiernos las provean a los menesterosos. Por eso, las aspiraciones de los discursos se logran y se resumen en una sola cosa: crear riqueza.

En realidad, ya se sabe bien cómo hacer un país más rico. No es ningún misterio: hay que producir más en el tiempo disponible y con los recursos disponibles. ¿Acaso hay otra manera? Reconozcamos que si somos pobres es porque impedimos la creación de riqueza, porque desalentamos su creación y porque con nuestras leyes y regulaciones establecemos abundantes cargas, estorbos y desincentivos:

  1. Desalentamos la inversión productiva poniéndole exagerados impuestos a su rendimiento. Si la razón de ser de una inversión productiva es obtener un rendimiento, ¿no resulta entonces absurdo tener un alto impuesto a su razón de ser? La inversión productiva aumenta la demanda y en consecuencia los salarios de los trabajadores, ¿no es, entonces, absurdo desalentar la inversión con impuestos altos a su rendimiento? La inversión productiva aumenta la capacidad tributaria de la sociedad, ¿no es entonces absurdo desalentar la capacidad tributaria de la población? Continuar con un impuesto sobre la renta de personas y empresas es empobrecedor, pero lo mantenemos a pesar de que en todos los discursos profesamos querer disminuir la pobreza. ¿Por qué esa incongruencia? Sugiero dos razones: por una parte está la motivación meramente ideológica de disminuir las diferencias de riqueza y porque se cree que la riqueza de unos es la causa de la pobreza de otros, ignorando que el mundo (sin privilegios) no es un juego de suma cero sino uno en el que todos salen ganando.

  2. Estorbamos y encarecemos nuestro acceso a recursos controlando las importaciones. Si queremos fluidez en el acceso a recursos debemos eliminar las aduanas, por las mismas razones que no encarecemos ni estorbamos las importaciones desde alguna otra provincia de nuestro país. ¿No sería absurdo tener tales trabas? ¿Cuál es la diferencia? Diferencia económica no existe. Si queremos crear más riqueza es absurdo que estorbemos y encarezcamos nuestro acceso a abastecimientos y recursos solamente porque provienen de otra jurisdicción política.

  3. Sin que esa fuese la intención, los trabajadores han sido convertidos en obreros cautivos, que no pueden negociar sus salarios. Este es un punto difícil de entender, pero si realmente queremos que los salarios aumenten, bien vale la pena ponderarlo y discutirlo, aunque el tema esté recargado de ideología.

  4. Por último, si el gobierno sigue fracasando en asegurar la vida, la propiedad y el cumplimiento de los contratos, nada puede funcionar y seguiremos siendo pobres.

Si no es ahora el momento de cambiar, ¿cuándo llegará ese momento para comenzar realmente a abolir la pobreza?

© AIPE
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Manuel F. Ayau Cordón es Ingeniero y empresario guatemalteco, fundador de la Universidad Francisco Marroquín, fue presidente de la Sociedad Mont Pelerin.

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