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El mal ejemplo europeo

Ningún mercado común con impuestos proteccionistas a su alrededor ha dado ejemplo de desarrollo comparable a los ejemplos de apertura unilateral de comercio

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Francia aparece en la lista de Heritage Foundation entre los diez países que está retrocediendo económicamente en vez de progresando. El grupo de países de Europa Occidental firmantes del Tratado de Roma que estableció el Mercado Común y que más tarde firmaron el Tratado de Maastricht que estableció el euro como moneda común, están económicamente anémicos. No sucede así con los países miembros que se reservaron el uso de sus propias monedas –Dinamarca e Inglaterra– que sí están progresando. Y los que no pertenecen ni a la unión monetaria ni al Mercado Común –Islandia, Suiza y Noruega– están progresando ejemplarmente.
 
 Esta experiencia europea ofrece importantes lecciones a América Latina:
  1. No es automático que un mercado común produzca prosperidad.
  2. Tampoco una moneda común.
  3. La burocracia de un mercado común tiende a crecer y reglamentar excesivamente, asfixiando el progreso.
  4. La tendencia es a extender las malas políticas en vez de las buenas.
El primer grupo de países, con altos y progresivos impuestos de la renta, protestan porque los países recién ingresados a la Unión Europea tienen impuestos bajos, no-progresivos (es decir, con una sola tarifa baja, conocida como flat tax), y resisten la presión de aumentarlos, lo cual disgusta especialmente a Alemania, Francia y Bélgica. Estos países quieren igualar tasas para establecer "un campo de juego nivelado", con lo cual implícitamente admiten que las tasas bajas son ventajosas. Es decir, quieren igualar a todos con sus malas condiciones, ya que en lugar de bajar sus tasas altas para nivelar la mesa proponen que quienes las tienen bajas las suban, para eliminar esa ventaja.
 
Tan mal gobernados están los países por el "reglamentarismo" de Bruselas que un destacado historiador, Leonard Liggio, bromeaba recientemente diciendo que Europa ha demostrado tener una cultura hindú por la forma como gasta su dinero: unos 1.000 dólares al año en mantener bien cada una de las vacas europeas. Con subsidios agrícolas han acumulado enormes inventarios de leche y mantequilla, vinos, aceite de oliva y otros productos para los cuales no hay mercado a los precios que pretenden cobrar. Además, los más ricos del grupo subsidian a los menos ricos, como España, Portugal y Grecia.
 
La moneda común, el euro, tendrá beneficios para los miembros de Maastricht, pero también inconvenientes. Francia y Alemania no han podido cumplir con su compromiso de mantener el déficit fiscal por debajo de 3% del PIB, pero nadie insiste en que se les apliquen las sanciones porque no lo aceptarían y si es mucha la insistencia podría ser el principio del fin del Tratado, lo cual sería una tragedia espantosa para la burocracia de Bruselas, sede del Parlamento Europeo, que se quedaría desempleada. Por eso prefieren hacerse los locos. Como ya no es posible depreciar su moneda para compensar los efectos de una extraordinariamente costosa legislación social, algunos sindicatos europeos ofrecen trabajar más horas a la semana por la misma remuneración para no perder clientes extranjeros.
 
Ningún mercado común con impuestos proteccionistas a su alrededor ha dado ejemplo de desarrollo comparable a los ejemplos de apertura unilateral de comercio. La mejor alternativa para un país pequeño o grande es la apertura comercial unilateral. El primer ejemplo de esto fue Inglaterra a mediados del siglo XIX, que resultó en la prosperidad victoriana. Y hay varios ejemplos recientes como lo confirman la prosperidad de Chile, Islandia, Hong Kong y otros tigres asiáticos.
 
© AIPE
 
Manuel F. Ayau Cordón es Ingeniero y empresario guatemalteco, fundador de la Universidad Francisco Marroquín, fue presidente de la Sociedad Mont Pelerin.

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