Menú

Errores globalizados

Si nuestro país, para "castigar al Japón", pone un impuesto a las cámaras fotográficas japonesas, no son los japoneses quienes pagarán el impuesto sino nosotros mismos.

0
Contaba el economista francés Frédéric Bastiat (1801-50) que Robinson Crusoe y Viernes estaban aserrando tablas en la isla cuando flotó hasta la playa la madera proveniente de algún barco naufragado. “¡Dumping!” (competencia desleal) dijo Robinson. Entonces comenzaron a discutir  sobre si  convenía aprovechar las tablas o devolverlas al mar porque si las tomaban se quedarían sin el trabajo de aserrar sus propios árboles. Decidieron devolverlas al mar para evitar el desempleo. ¡Colorín colorado, este cuento no se ha acabado!
 
Parece difícil comprender que los impuestos de importación los pagan los habitantes del país que los pone y no los extranjeros del país que exportó la mercancía. Si nuestro país, para "castigar al Japón", pone un impuesto a las cámaras fotográficas japonesas, no son los japoneses quienes pagarán el impuesto sino nosotros mismos. ¿Quienes resultan castigados? Si EEUU nos quita el trato preferencial a importaciones que hacen de nuestro país, afectará a mis compatriotas que verán su mercado reducido, pero principalmente perjudicará a sus propios ciudadanos que preferían comprar nuestro producto porque era más barato y más sabroso. Es decir, la sanción que imponen la pagan ellos mismos. Prueba de que esto no se comprende es que a cada rato se anuncian sanciones comerciales.
 
En una ocasión me enteré de que el gobierno de EEUU había amenazado con que si las maquiladoras coreanas en Guatemala no trataban bien a sus trabajadores le quitarían el buen trato al café de Guatemala y le aplicarían mayor impuesto. Es obvio que un material inerte como el café no puede pagar impuestos, pues sólo gente de carne y hueso los paga. Ocurrió entonces que una señora en Wisconsin que le gusta tomar café de Guatemala preguntó por qué la castigaban con un impuesto a ella, si nada tenía que ver con las maquilas en Guatemala.
 
En otra ocasión, por orden del presidente de Guatemala, se decretó un impuesto adicional a las importaciones provenientes del Japón porque la balanza de comercio entre los dos países era "desfavorable" para Guatemala. Le comenté al presidente que yo había tenido la intención de comprar una cámara fotográfica japonesa porque es muy buena y más barata; pero que ahora con el mayor impuesto me salía más cara y por ello compraría la de otro país, aunque en el mercado mundial era más cara. Se sorprendió cuando agregue: “¡qué fregada le dimos a los japoneses!, ¿verdad?”
 
Cuando el comercio se plantea como trueque es más fácil comprender los errores de nuestros políticos y funcionarios. Una vez que se incluye el dinero, surge la globalización del error. Balanza comercial "desfavorable" para nuestro país con respecto al Japón, en el lenguaje en moda, significa que a cambio de las cosas que Japón nos manda, nosotros le mandamos menos cosas. Es decir, nosotros les exportamos menos de que lo que ellos nos exportan. Terrible, ¿verdad? ¿Acaso sería mejor que les diéramos más cosas, es decir, que nos costara más lo que nos mandan? Esa globalizada confusión se debe a que quienes hace mucho tiempo comenzaron a llevar las cuentas nacionales le asignaron el signo negativo a las importaciones y positivo a las exportaciones. Si los signos se hubiesen puesto al contrario, quizá se hubiese evitado tanta preocupación.
 
Lo que sucedió fue que el mercantilismo de antaño que, como hoy también, equivocadamente consideraba producir como algo “bueno” y consumir como algo “malo”, y al aplicarse al comercio internacional parece, entonces, que exportar es bueno e importar es malo. Olvidan que el verdadero propósito de la producción es consumir y la razón de ser de la exportación es poder importar.
 
© AIPE
 
Manuel F. Ayau Cordón es Ingeniero y empresario guatemalteco, fundador de la Universidad Francisco Marroquín, fue presidente de la Sociedad Mont Pelerin.

En Libre Mercado

    Lo más popular

    Servicios