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Gobierno y corrupción

En una sociedad con miles de regulaciones habrá más corrupción que en una en que se viva bajo normas sencillas y claras. Mientras la cantidad de burócratas aumente, más corrupción se producirá.

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Todos criticamos la corrupción, pero no es más que una consecuencia de la intervención del Gobierno en la vida de la gente. Las autoridades nacionales e internacionales la sancionan y la persiguen si bien con escaso éxito, ya que no son capaces de acertar cuál es su causa principal.

Incluso en los países anglosajones, donde esta lacra es menor, la corrupción está aumentando conforme los Gobiernos intervienen más en materia económica. Es un hecho histórico que en los países socialistas, donde esa intromisión es mucho mayor, la corrupción también abarca las más altas esferas políticas.

Las causas principales de este fenómeno tienen que ver con la autoridad discrecional del funcionario, la intromisión del Estado en asuntos privados, la excesiva regulación y la necesidad de pedir permiso para llevar a cabo actividades lícitas y pacíficas, como el simple hecho de abrir una tienda.

Hay dos formas de organización social. La primera es aquella en que los ciudadanos sólo pueden realizar lo que previamente aprueban los funcionarios. La otra, aquella en que los individuos son libres de llevar a cabo cualquier actividad lícita, con el único límite de respetar los derechos ajenos. En este caso no se necesita ninguna licencia del Estado y, como consecuencia, no hace falta corromper a nadie. La realidad es simple: donde hay oportunidades para corromper, surge la corrupción y donde no las hay, no. Se pueden promulgar cientos de leyes y reglamentos para desterrarla de la vida política, pero como sucede actualmente en China y en muchos países latinoamericanos, la corrupción también afecta al poder judicial.

En Guatemala se estableció en el Código Penal el delito de cohecho, donde se castiga a quien da una compensación ilegal y también a quien la recibe. Pero no por eso disminuyó la corrupción, sino que más bien se extendió a las esferas encargadas de vigilar que no la hubiera.

En una sociedad con miles de regulaciones habrá más corrupción que en una en que se viva bajo normas sencillas y claras. Mientras la cantidad de burócratas aumente, más corrupción se producirá. Por eso, la economía dirigida y el socialismo son inherentemente corruptores.
© AIPE
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Manuel F. Ayau Cordón es Ingeniero y empresario guatemalteco, fundador de la Universidad Francisco Marroquín, fue presidente de la Sociedad Mont Pelerin.

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