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Herencia liberal

Muchos opositores al liberalismo creen, por ejemplo, que la ganancia de uno es pérdida del otro, lo cual implica que la riqueza de unos es causa de la pobreza de otros.

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Entre los frutos del liberalismo universalmente reconocidos están la moderna democracia representativa con sufragio universal secreto, separación de los poderes –ejecutivo, legislativo y judicial–, los mecanismos para la protección de los derechos humanos, como habeas corpus y debido proceso, la tolerancia religiosa, la libertad de prensa, la igualdad ante la ley, el derecho de propiedad (disponer e intercambiar lo legítimamente propio), incluyendo el derecho al cumplimiento de contratos.

En ninguna parte se ha cumplido el ideal liberal a cabalidad, pero sí ha existido en distintos grados en la parte del mundo llamado "Occidente". Y los que más se acercan a ese ideal son los mejores ejemplos, pues es allí, contra el mercantilismo imperante, donde se liberó la inventiva e iniciativa humana que dio origen a la mayoría de comodidades materiales que se disfrutan en todo el mundo (automóviles, medicinas, plásticos, televisión, electrónica, telecomunicaciones, etc.) y es en esos países donde se ha eliminado más la pobreza. ¿Puede usted imaginar hoy día una civilización moderna sin esos frutos? ¿No es, entonces, sorprendente la remanente oposición al liberalismo, especialmente de parte de intelectuales?

No es probable que esa oposición se deba a un irresponsable nihilismo, pues también ellos se benefician de la prosperidad liberal, ni podemos pensar se debe a maldad, ni a oposición a los principios, pues ellos mismos los reclaman. ¿Qué será?

La explicación del orden económico liberal no es fácil porque aunque es producto de la acción humana, no es producto del diseño humano. Es, como nos ha hecho ver F. A. Hayek, una organización espontánea cuyos mecanismos de coordinación tienen que descubrirse, pues nadie los inventó. Lo que sí se inventó son las mencionadas instituciones liberales para proteger nuestros derechos individuales.

He llegado a creer que la raíz de la oposición al liberalismo se debe a simple desconocimiento y a que no es perfecto. Le atribuyen su imperfección al egoísmo de personas en busca de ventajas, para amasar fortunas a costillas de los demás. Y, cuando comparan el socialismo con el liberalismo, no se compara con la experiencia socialista sino con un ideal nunca logrado. Se comparan intenciones y no resultados.

Es patente la incomprensión que aún prevalece del principal fenómeno económico-social: el intercambio. Ello prueba que no es necesario comprenderlo para que funcione, pues desde niños participamos en múltiples y complejos intercambios y, por tanto, es natural que supongamos que lo comprendemos por sentido común. Ello explica por qué es casi imposible eliminar la ignorancia del fenómeno, principalmente en personas inteligentes y entre aquellos que saben de negocios y por ello creen, erróneamente, saben de economía.

Muchos opositores al liberalismo creen, por ejemplo, que la ganancia de uno es pérdida del otro, lo cual implica que la riqueza de unos es causa de la pobreza de otros. Consideran que lo malo del liberalismo es la desigual distribución de la riqueza y el remedio es la redistribución. No se concibe cómo es que solamente bajo un genuino régimen liberal, la única manera que se puede hacer fortuna es enriqueciendo a los demás en algún grado, indistintamente de la motivación. Para entender eso es necesario, primero, poder explicar cómo es posible que dos personas se enriquecen materialmente en un mismo intercambio.

© AIPE
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Manuel F. Ayau Cordón es Ingeniero y empresario guatemalteco, fundador de la Universidad Francisco Marroquín, fue presidente de la Sociedad Mont Pelerin.

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