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La cortina de humo

Pero no tenemos que seguir siendo pobres para siempre. Podemos adoptar un gobierno basado en principios de buena conducta

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A Guatemala la han convertido en la piñata de la izquierda internacional, apoyando, irónicamente, las políticas de izquierda que han hecho del país una calamidad. Parece que la cosa seguirá igual por varias razones, sin importar quien gobierne. Seguiremos siendo más o menos pobres, viviendo una desgracia generalizada, en tanto no ocurra un cambio de mentalidad. Dependerá más del acierto que de la buena voluntad de los gobernantes.
 
1.-Seguimos gobernados por la ideología de izquierda que hábil e hipócritamente culpa de sus fracasos, con epítetos a los liberales que se oponen al neosocialismo solapado. Su táctica ha sido sumamente efectiva y aún tiene éxito local e internacional, cubriendo con cortinas de humo la pobreza de su política.
 
2.- Los neosocialistas ya no recurren al terrorismo, ni a secuestros; ya no pretenden ser heroicos idealistas en lucha armada; han tomado altas posiciones infiltrando los gobiernos; han logrado amnistía para sus líderes; con característico nihilismo prácticamente han logrado la destrucción de las instituciones de orden público, como el ejército; han logrado mano libre para sus políticas "sociales" ante el mundo de incautos "progresistas". Siendo así, no esperemos que cambie fundamentalmente la dirección del país.
 
3.- Continuaremos por el derrotero empobrecedor de la izquierda, apoyado por las muy veneradas e irrespetuosas organizaciones internacionales, dominadas por los frustrados socialistas de Europa y EEUU (mal llamados "liberales"). Lamentablemente, estos frentes neosocialistas, con otros nombres y banderas, seguirán financiados con los impuestos de sus generosos pueblos, respaldando una proliferación de ONG, impulsando la políticas del "estado benefactor" que habrían causado aún más pobreza si no hubiesen sido compensadas por los grandes inventos de la iniciativa privada (plásticos, antibióticos, semillas de alta productividad, electrónica, etc.) Aunque su descrédito está aumentando, aún no basta para anular su influencia.
 
4.- En consecuencia los países más pobres son los que regulan más, pretendiendo defender a los consumidores con ridículas leyes que empobrecen más a todos y pretendiendo resolver el problema de la pobreza con redistribución, es decir, quitándole a los que adquirieron riqueza legítimamente para distribuirla entre quienes no la devengaron.
 
5.- Seguirá la socialización de la jubilación de los trabajadores, (la gran estafa de sus ahorros); las leyes laborales con sus perversos incentivos que impiden a los trabajadores progresar; la protección de empresarios privilegiados que los consumidores subsidian para que puedan seguir perdiendo; el impuesto al rendimiento de las inversiones y todos los estorbos, licencias y permisos que fomentan la corrupción y desalientan la creación de empresas y de riqueza, de oportunidades de empleo y fuentes de ingresos fiscales.
 
Pero no tenemos que seguir siendo pobres para siempre. Podemos adoptar un gobierno basado en principios de buena conducta para que solamente sea legal hacer lo que la buena conducta implica y no depender de miles de asfixiantes disposiciones legales que nadie entiende, pocos cumplen y que corrompen el sistema. Podríamos confiar al gobierno que, castigando y no mimando a los delincuentes, se encargue de proteger la vida, propiedad y los contratos; que deje a la gente en paz para que respetando recíprocos derechos genere prosperidad. O bien, podemos seguir creyendo en la intervención económica del Estado y en los consejos neosocialistas internacionales, acompañados de dádivas, y continuar produciendo miseria.

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