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Legislación antilaboral

Una encuesta de Gallup determinó que en EEUU, donde los trabajadores pueden ser despedidos sin causa ni indemnización, éstos se sienten mucho más seguros en su empleo que los de Alemania, Francia e Italia.

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Europa demuestra que la rigidez del mercado laboral sale muy cara a los trabajadores, como lo reconocen hoy en Francia y Alemania, donde el mercado laboral es rígido en comparación con el de Estados Unidos. El FMI, en 2003, estimó que si Europa flexibilizara su legislación laboral al estilo de EEUU, el desempleo disminuiría a mediano plazo en 1,6% (equivalente en Alemania a 700.000 puestos) y a largo plazo en 3,3%, al tiempo que su PIB aumentaría en 5%. Como su legislación laboral dificulta la productividad, los salarios son más bajos y el desempleo más del doble que en EEUU.
 
En Guatemala, bajo la influencia de la Organización Internacional del Trabajo, el Código de Trabajo se estableció para dar una supuesta seguridad en el empleo y establecer mecanismos de negociación de salarios más favorables a los trabajadores. Pero al final de cuentas ha resultado ser otro ejemplo empobrecedor de la ley de consecuencias no previstas y de incentivos perversos. Con el tratado de Libre comercio, el problema de los trabajadores se va a agravar porque EEUU ha anunciado fuerte financiamiento (unos 160 millones de dólares) para fortalecer el sindicalismo.
 
Debido a la indemnización por despido injustificado, los salarios son más bajos, los trabajadores han perdido su poder de negociación, no aprovechan mejores oportunidades de empleo, la productividad de la economía es más baja de lo que podría ser y los precios de los productos que los trabajadores compran con sus salarios son más altos.
 
Esto se debe a que como el pasivo laboral aumenta considerablemente con cada aumento de salario, constituye un fuerte incentivo para no aumentarlos. Y, como la indemnización depende de la causa de retiro, el trabajador no negocia, advirtiendo que si se retira de la empresa voluntariamente pierde la indemnización. El retiro voluntario le sale caro al trabajador y tanto él como el patrono lo saben. Esto disminuye el poder de negociación a los trabajadores, quienes entonces ganan menos de lo que estarían ganando si no existieran esas malas leyes laborales.
 
Cuando al trabajador se le presenta una mejor oportunidad de trabajo toma en cuenta lo que le costaría retirarse voluntariamente. Eso es un incentivo para no aprovechar mejores ofertas de empleo, lo cual le hace daño tanto a él como a la economía de la nación, ya que si la oportunidad rechazada es mejor remunerada es porque el valor de su aporte también sería mayor para la sociedad. Resulta así que la fuerza laboral no tiende a estar trabajando donde su aporte es más valioso, lo cual resta productividad al país y, en consecuencia, al poder de compra de los salarios. Esa es una de las razones por las que hay países pobres y otros ricos.
 
La forma “tutelar” obligada en la aplicación de la ley laboral incentiva la mecanización de procesos productivos, aunque la relación entre coste de capital a coste de mano de obra no lo justifique, disminuyendo artificialmente la demanda de mano de obra y, por ende, de los salarios. Al final de cuentas, la seguridad en el empleo es efímera por muchas razones ajenas a los patronos: por el inevitable advenimiento de sustitutos al producto o servicio que vende, por la inflación, cambios de costumbres o leyes, caída de los precios y otras causas fuera del control del patrono. Pero cualquier causa que no sea imputable al trabajador injustamente se le imputa automáticamente al patrono.
 
Ante la necesidad de sobrevivir, en todas partes donde no hay flexibilidad laboral, los trabajadores se hunden en la economía informal (no afectada por leyes laborales ni impuestos) o emigra a EEUU, donde las condiciones contractuales son libremente negociadas. En Guatemala, la economía informal se estima que ocupa más del 59% de la población activa. En Francia es más del 15% y en Italia 25%. Una encuesta de Gallup determinó que en EEUU, donde los trabajadores pueden ser despedidos sin causa ni indemnización, éstos se sienten mucho más seguros en su empleo que los de Alemania, Francia e Italia.
© AIPE
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Manuel F. Ayau Cordón es Ingeniero y empresario guatemalteco, fundador de la Universidad Francisco Marroquín, fue presidente de la Sociedad Mont Pelerin.

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