Menú

Neosocialismo

La realidad es que, por mejores intenciones que se tengan, la intromisión de los gobiernos en asuntos económicos necesariamente resulta empobrecedora.

0

El neosocialismo –el mismo viejo socialismo con nuevas caras– es simplista porque siempre tiene la misma solución para todos los males, habidos y por haber, que padece la humanidad: la promulgación de otra ley para que el gobierno lo resuelva. Esta bienintencionada "solución", que lamentablemente se da en distintos grados en todo el mundo, falla porque se basa en premisas falsas.

Pero antes de abordar el tema, pensemos sobre las siguientes preguntas: ¿Qué de malo podría resultar si todos pudieran libremente escoger qué hacer de acuerdo con lo que les conviene, con el único límite de que fuese pacífico y respetuoso de los mismos derechos de los demás? ¿Qué de malo podría resultar de un sistema en el que, para salir adelante, la única manera sea compitiendo con otros por servir y enriquecer a los demás pacífica, respetuosa y voluntariamente?

La primera premisa falsa del neosocialismo es que la burocracia es capaz de resolver los problemas porque cuenta con abnegadas personas que anteponen el interés general al propio, con un sentido ético de servicio más alto que el de los particulares. Esa visión romántica e ingenua simplemente es falsa porque los empleados del gobierno siguen siendo seres humanos que responden a incentivos como cualquiera y cuya primera prioridad es también el bienestar propio y de su familia, para cuyo sustento debe conservar y prosperar en su empleo. Consecuentemente, con quien tiene que quedar bien es con el burócrata superior y no con el público, a quien supuestamente sirve.

Esto contrasta con el mundo privado y libre, donde el empleo depende de la satisfacción del público con su servicio: el público es el jefe superior y tiene hasta el poder de hacer perder el patrimonio del empresario, si no le dan un buen servicio. Por eso es mucho más frecuente encontrar actitudes autoritarias y arrogantes entre los servidores públicos que entre los gerentes de empresas privadas.

Un efecto no sospechado de la solución simplista neosocialista es que lamenta la corrupción sin reconocer que esta se debe a la intromisión del gobierno. El incentivo a la corrupción tiene su origen en la autoridad discrecional del funcionario público en afectar los patrimonios privados, ya que su decisión puede ser muy costosa para aquellos a quienes se les impone algún trámite oficial.

La segunda premisa falsa es que el gobierno tiene más información y sabe más que los particulares y que por ello puede planificar mejor. No se tiene presente que el conocimiento útil está disperso entre toda la gente, cada persona enterada del tiempo y circunstancia donde la información es oportuna y pertinente, y no está disponible ni en Internet ni en las universidades porque no puede estar más que en forma abstracta e inoportuna. Sólo la obtienen quienes están en el lugar, en el momento y en las circunstancias en que es aplicable. Sobre este tema recomiendo leer el ensayo de F. A. Hayek, "El uso del conocimiento en sociedad".

Una tercera premisa falsa del neosocialista es que la intervención del gobierno en las actividades pacíficas de las personas afecta sólo el área regulada. Es falso porque no hay nada neutro en la economía; sus efectos se esparcen como las olas que genera una inmensa piedra al caer al agua: en todas direcciones, imposible de conocer o medir. Y lo único que puede hacer un gobierno es distorsionar las señales (los precios), desviando en forma antieconómica la asignación de recursos.

La realidad es que, por mejores intenciones que se tengan, la intromisión de los gobiernos en asuntos económicos necesariamente resulta empobrecedora.
© AIPE
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Manuel F. Ayau Cordón es Ingeniero y empresario guatemalteco, fundador de la Universidad Francisco Marroquín, fue presidente de la Sociedad Mont Pelerin.

En Libre Mercado

    Lo más popular

    Servicios