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Todos ganan

El trabajador no tiene que ahorrar para ser dueño de la máquina porque, indistintamente de quien lo sea, ese capital aumenta su productividad y baja los costes por unidad producida.

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Si un trabajador al utilizar una máquina cuadruplica las unidades que produce, el dueño de la empresa puede doblarle el salario y aún así su coste unitario se reduce a la mitad. En cambio, si las alzas salariales incrementan el coste unitario, esos aumentos se trasladarán a los precios. La razón es que todos los costes –incluyendo el del capital y el de los impuestos– tienen que ser cubiertos por lo que paga el consumidor. Si no, ¿quién los absorbe? Y si el aumento de los precios anula los aumentos de salarios, el poder de compra permanece igual. Por ello, los salarios reales pueden incrementarse solamente cuando aumenta la productividad del trabajador, lo cual reduce el coste por unidad producida.

Los pobres, cuyos bajos ingresos no les permiten ahorrar, se benefician con el aumento de la productividad, aprovechando el ahorro (el capital) de los ricos cuando es invertido (aunque su dueño lo deposite en cuentas bancarias, los bancos lo prestan a quienes sí lo invierten). Así, cuando hay oportunidades atractivas de inversión, los ahorros se convierten en bienes de producción (maquinarias) que, al aumentar la productividad del trabajo, reduce los costes laborales. No importa que el propósito de la inversión en "la máquina" sea aumentar las ganancias del rico porque, para hacerla funcionar, cada inversión necesita atraer y competir por los trabajadores, ofreciéndoles mejores condiciones.

Eventualmente, la competencia entre productores hace que esa economización en los costes se traslade a los precios y, por ende, aumenten el ingreso real de quienes compran los productos. Y ese aumento general en el poder de compra, a su vez, crea oportunidades de nuevas inversiones que igualmente motivarán otros aumentos de salarios, generando así un círculo virtuoso enriquecedor.

El trabajador no tiene que ahorrar para ser dueño de la máquina porque, indistintamente de quien lo sea, ese capital aumenta su productividad y baja los costes por unidad producida. La demanda de mano de obra aumentará según las empresas inviertan más, con lo que también subirán los salarios que, a su vez, motivará nuevas inversiones para que no aumente el coste de producción unitario.

Por ejemplo, cuando crece la demanda de viviendas hay más construcción. Entonces aumentan los salarios de los albañiles, lo cual obliga a "mecanizarla" para que no suban los costes por metro cuadrado y para que los precios sigan siendo accesibles a los compradores, que al final son los mismos trabajadores.

La realidad es que los trabajadores se benefician de tres maneras por cada inversión del rico. Primero, porque empujan los salarios hacia arriba para lograr conseguir trabajadores adicionales. Segundo, todos se benefician de la baja de los precios (o de que estos no aumenten) debido al aumento de la productividad. Y, tercero, por el aumento general de la demanda de mano de obra para poder producir más.

© AIPE
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Manuel F. Ayau Cordón es Ingeniero y empresario guatemalteco, fundador de la Universidad Francisco Marroquín, fue presidente de la Sociedad Mont Pelerin.

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