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El periódico

El dueño del periódico podría pagar más a sus empleados, pero a quienes compran el periódico no les importa eso y, si sube el precio de venta, algunos dejarán de comprar. Así, los clientes (el mercado) también imponen límites a los salarios y prestaciones

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Aquí comentaré las limitaciones que tiene el precio de un periódico, que igualmente se pueden aplicar al precio de los alimentos, de un par de zapatos, de servicios profesionales y de los productos de cualquier empresa, grande o pequeña. Lo importante son los límites que rigen y restringen la acción empresarial.

Un periódico, como cualquier negocio, tiene una serie de restricciones dentro de las cuales tiene que operar. Si aumenta el precio, bajarán sus ventas. Por supuesto, no bajan en igual proporción al aumento, ya que la compra disminuye solamente entre quienes tienen menor interés: los lectores marginales, aquellos que se conforman con recibir sus noticias de la radio y la televisión. Cada vez que aumenta el precio, aparecen otros lectores marginales que al nuevo precio no lo compran. Y, al revés, si baja el precio, algunos se interesarán en comprarlo. El punto importante es que los efectos son siempre "al margen" y no en promedio.

Es en ese margen donde los dueños tantean el precio. Si aciertan aumentan su patrimonio y, si no, lo merman. No pueden fijar el precio que les da la gana y, como son seres humanos como usted y como yo, no es raro que se equivoquen y que esos errores les salgan caros. Lo que debemos recordar es que los empresarios son "tomadores" de precios y no "fijadores". Imagínese lo fácil que sería hacerse millonario si los precios los fijaran a su antojo. Pero son los clientes (el mercado) quienes realmente fijan el precio.

Los dueños del periódico tienen que recobrar todos sus gastos porque, si no ¿quién los paga? El precio del papel, del inmueble, la electricidad, el teléfono, los salarios y las prestaciones laborales, los impuestos, etc. tienen que cobrárselos al cliente, a quien poco le importan las necesidades familiares del dueño del periódico. Como los ingresos de los clientes tienen límite, y éstos necesitan muchas más cosas aparte de leer un diario, asignan prioridades a sus gastos personales y racionan, también al margen, todo lo que compran.

El dueño del periódico podría usar mejor papel, pero quizás el aumento de los costes no se lo reembolsarían los clientes. También podría poner papel más barato, sacrificando la calidad, pero puede que eso no le guste a parte de su clientela, que pasaría  a comprar otro diario. Así, los clientes (el mercado) también determina la calidad de lo que se les ofrece en venta.

El dueño del periódico podría pagar más a sus empleados, pero a quienes compran el periódico no les importa eso y, si sube el precio de venta, algunos dejarán de comprar. Así, los clientes (el mercado) también imponen límites a los salarios y prestaciones.

Así como el dueño del periódico no puede fijar el precio a su gusto, tampoco es caprichoso el precio del papel, la tinta, la electricidad, el teléfono, la energía, el combustible y todos los demás bienes que necesita, porque quienes los proveen también tienen que recobrar sus costes. Además, las ganancias tienen límite: no pueden ser tan altas que promuevan muchos nuevos competidores ni tan bajas que el negocio deje de ser atractivo en relación con otras oportunidades de inversión.

Si el dueño del periódico pretende pagar menos que las demás opciones que tienen los trabajadores, no obtendrá sus servicios. Si paga más que sus competidores, pierde competitividad. Por eso, cuando por ley aumentan las prestaciones se reduce la cantidad que puede pagarse en sueldos.

Entonces, ¿cómo se pueden aumentar los salarios? Las súplicas piadosas no ayudan. Los aumentos salariales por ley producen inflación y el aumento se esfuma con los mayores precios de todo. Sólo se pueden subir de verdad los sueldos cuando toda la comunidad produce más en el mismo tiempo, para así poder pagar más dentro de las limitaciones del precio. A medida en que aumenta la productividad, todos ganarán más y los salarios tendrán que subir. Y la más manera más rápida de aumentar la productividad es con mayor inversión de capital. Impuestos más altos y más complejas regulaciones espantan al capital y dañan directamente a los trabajadores. Los dueños de los periódicos lo saben, pero muchos de quienes escriben en ellos no.

© AIPE
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Manuel F. Ayau Cordón es Ingeniero y empresario guatemalteco, fundador de la Universidad Francisco Marroquín, fue presidente de la Sociedad Mont Pelerin.

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