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Méritos sociales y deméritos gubernamentales

Debido a las deficiencias de nuestro Gobierno, se estima que en Guatemala sólo se castiga el 1,8% de todos los delitos y crímenes cometidos.

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Los gobiernos suelen adjudicarse los méritos por las cosas buenas que suceden y culpan a otros de todo lo malo. Pero la realidad suele ser exactamente la contraria.

Por ejemplo, la persistencia de la violencia se debe a la incapacidad del Gobierno. La función prioritaria del Estado es prestar seguridad; todo lo demás le sigue en importancia. Es tan obvia su incompetencia que nuestros gobiernos suelen recurrir a potencias extranjeras para que llenen el vacío. Y lo más sencillo es echarle la culpa de sus fracasos a terceros.

Parece que nuestros gobiernos no han aprendido que el crimen se impide con la certeza de castigo, ya que es esa certeza, más que la severidad del mismo, la que disuade a delincuentes y criminales. Pero lo que se hace es establecer penas cada vez más severas, desproporcionadas a los delitos, que el delincuente sabe que generalmente no se le impondrán. Debido a las deficiencias de nuestro Gobierno, se estima que en Guatemala sólo se castiga el 1,8% de todos los delitos y crímenes cometidos.

La maraña de leyes que con tan mal juicio promulga nuestro Congreso, muchas por iniciativa del Ejecutivo, otras por iniciativa de grupos de presión y otras a cambio de dádivas condicionadas por gobiernos extranjeros, no conducen a una economía eficiente. No lo hacen por mala voluntad, sino por su cultura deficiente, cargada de prejuicios ideológicos empobrecedores, heredada de la época del auge del mercantilismo y del socialismo.

Es interesante observar que el escaso progreso logrado no se debe a los gobiernos sino que se logró alcanzar a pesar del Estado. El principal factor de progreso en Guatemala es la economía informal, a la que pertenece el 75% de la población. Se le llama informal precisamente porque funciona al margen de las leyes y regulaciones y en ella la gente busca refugio para librarse de infinidad de reglamentos e impuestos. Sin la economía informal, quién sabe cuanta más pobreza sufriría nuestra gente.

El segundo factor de prosperidad son las remesas familiares que envían los compatriotas que emigraron y que comprueban el fracaso de nuestras leyes, impuestos, reglamentos, burocracia y corrupción gubernamental, todo lo cual impide la creación de oportunidades de trabajo en nuestro país, dejando a muchos la opción de ser pobre o emigrar al extranjero, donde sí lograrán un mejor futuro.

Otro factor es la espontánea proliferación de las maquiladoras que, a pesar de la hostilidad de las autoridades laborales y la falta de protección contra las maras, proporcionan ingresos a miles de familias en todo el país.

© AIPE
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Manuel F. Ayau Cordón es Ingeniero y empresario guatemalteco, fundador de la Universidad Francisco Marroquín, fue presidente de la Sociedad Mont Pelerin.

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