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Manuel Llamas

No, la contaminación no mata

Madrid no sólo es una de las capitales con el aire más limpio de Europa, sino que, además, goza de la mayor esperanza de vida del continente.

Manuel Llamas
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Madrid no sólo es una de las capitales con el aire más limpio de Europa, sino que, además, goza de la mayor esperanza de vida del continente.

La izquierda, en general, y el ecologismo patrio, en particular, han bramado, una vez más, contra la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, por cuestionar el aberrante alarmismo que, tanto ellos como sus voceros mediáticos, han creado en torno a la contaminación atmosférica de las ciudades a lo largo de los últimos años, con el único fin de justificar así sus liberticidas y prohibicionistas políticas en materia de transporte, energía o fiscalidad, entre otros ámbitos.

La polémica en cuestión estalló el pasado 1 de enero cuando, en una entrevista concedida a la cadena Ser, el periodista, a raíz de las restricciones de tráfico que el Ayuntamiento establecerá en el centro de la capital, señaló que "tiene que haber un equilibrio, ¿no?, entre el que quiere entrar a Madrid y el que vive en Madrid en el centro y no quiere morir contaminado…". A lo que la presidenta madrileña contestó lo siguiente:

Claro, pero eso, evidentemente, va a existir. Nadie ha muerto tampoco de esto. Es decir, yo no quiero que se cree una alarma de salud pública porque no la hay. Madrid es una de las ciudades con mayor longevidad del mundo, con uno de los mejores sistemas de transportes del mismo y cada vez se está utilizando mayor renovación de calderas y de vehículos.

Lo importante es que cada vez más personas utilicen transporte público porque, voluntariamente, así lo quieren, que peatonalicemos aquellas zonas que son especiales, sobre todo para un interés de tránsito de turismo, de patrimonio, etc. O sea, las ciudades cada vez van a ir más destinadas a eso y es evidente que tendremos que estar ahí, pero no se va a morir la gente, tal y como se expone muchas veces, creo que no es real.

Evidentemente, la contaminación a nadie nos gusta y tenemos que ir atajándola poco a poco, pero Madrid, en ese sentido, yo creo que está haciendo las cosas correctamente y la idea es seguir buscando ciudades cada vez más verdes, más limpias… Y ése es nuestro compromiso.

Aquí, la entrevista completa en donde se encuadra la pregunta y respuesta recién señaladas:

Resulta muy curioso, cuanto menos, que toda la progresía imperante se lleve las manos a la cabeza por las palabras de Ayuso a la hora de denunciar el alarmismo existente sobre esta materia y, por el contrario, nadie repare en la barbaridad que supone afirmar, tal y como hace el periodista de la Ser, que quienes residan en el centro de Madrid corren el riesgo cierto de morir contaminados, lo cual, además de ser mentira, constituye una absoluta manipulación para generar miedo entre la población, ya que semejante sandez carece de base alguna, tanto desde el punto de vista científico como sanitario.

Sin embargo, poco importó lo que dijera realmente Ayuso. La reacción de la izquierda no se hizo esperar, hasta el punto de que el ministro de Ciencia, Pedro Duque, o la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, también salieron a la palestra a afear las palabras de la presidenta madrileña por haberse atrevido a cuestionar el discurso políticamente correcto -aunque falso- sobre la contaminación atmosférica de las ciudades.

Y es que, por mucho que digan lo contrario, la contaminación no es un problema grave o, al menos, mínimamente relevante en el mundo desarrollado, y, muy especialmente, en Madrid, por varias razones.

1. Madrid es una de las capitales más limpias

En primer lugar, porque, siendo España uno de los países más limpios del mundo, la calidad del aire que registra su capital también es de las más elevadas a nivel urbano. En concreto, según un informe de la asociación británica The Eco Experts, con datos de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) y la Organización Mundial de la Salud (OMS), España se sitúa entre los diez países analizados con menos polución atmosférica, ya que una de las sustancias más nocivas para la salud, el denominado PM2.5 -las partículas contaminantes más pequeñas-, registra una concentración media inferior a 10 microgramos por metro cúbico de aire, muy lejos del umbral mínimo de 35 que pudiera ocasionar algún daño.

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Y en el caso de Madrid no sólo no se supera tal límite, sino que, además, se sitúa como la cuarta capital más limpia de Europa, por detrás de Tallin, Lisboa y Dublín, mientras que la muy ecologista y podemita Barcelona ocupa el undécimo puesto.

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2. La contaminación baja desde hace tiempo

Otro dato relevante, aunque poco conocido, es que la contaminación de las ciudades no ha dejado de caer en las últimas décadas, tumbando con ello el habitual y cansino catastrofismo ecolojeta, tal y como muestra la evolución de las emisiones de Óxido de Nitrógeno (NOx) y Monóxido de Carbono (CO) en la UE -vía @Absolutexe-.

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Evolución Óxidos de Nitrógeno NOx – UE 28
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Evolución Monóxido de Carbono CO – UE 28

Y lo mismo sucede en Madrid. Según recoge el propio inventario municipal de emisiones, la concentración de las partículas más contaminantes (NOx, PM2.5, CO…) se ha desplomado entre un 50% y un 90% desde 1999. Este sustancial descenso también se observa en la propia Memoria de Calidad del Aire que elabora el Ayuntamiento madrileño, con caídas de casi el 20% en PM2.5 tan sólo desde 2010, pero mayores si se amplía el abanico temporal, gracias, entre otros factores, a la sustitución de las calderas de carbón por las de gas o el menor consumo y contaminación que producen los vehículos.

3. Alarmismo político

Lo más preocupante de todo es que la izquierda está generando un interesado alarmismo en torno a la contaminación para asustar a la población y, de este modo, justificar sus políticas medioambientales bajo todo tipo de exageraciones y falacias.

Así, por ejemplo, algunos organismos oficiales reconocen que, si bien una elevada exposición a NOx puede resultar dañina para la salud, "está mucho menos demostrado a través de estudios epidemiológicos el impacto en la salud de las bajas concentraciones". A este respecto, la Inspección de Trabajo señala que la exposición a dióxido de nitrógeno resulta perjudicial para la salud a partir de 1.900 microgramos, una concentración diez veces superior al límite que establece Madrid para activar las restricciones de tráfico.

Y todo ello sin contar que más de cien neumólogos y médicos alemanes cuestionaron a principios del pasado año el riesgo real para la salud que tienen determinados contaminantes, especialmente las micropartículas y los óxidos de nitrógeno, hasta el punto de tachar de desproporcionado el límite máximo de emisiones que fijan las ciudades germanas.

4. La contaminación no es un problema

Por otro lado, nadie duda de que la contaminación es mala per se. Lo que hay que cuestionarse es la gravedad real de dicho problema. Así, mientras que la asociación británica The Eco Experts indica que España es el noveno país del mundo con menos muertes por contaminación, con apenas siete fallecidos por cada 100.000 habitantes, lo que hace un total de poco más de 3.000 al año, otros estudios elevan este número a 10.000 fallecidos e incluso a 30.000 los más pesimistas.

El baile de cifras es tan amplio y difuso por parte de la comunidad científica que, como mínimo, debería poner en cuarentena las afirmaciones acerca de la mortalidad que entraña dicha contaminación, puesto que, si algo está claro, es que, por el momento, no existen resultados concluyentes al respecto. De hecho, el propio estudio que citó el ministro Pedro Duque para tratar de criticar a Ayuso deja en ridículo a los alarmistas, al afirmar que "un aumento de 10 microgramos por metro cúbico en partículas inhalables (PM10) -capaces de penetrar hasta los pulmones- y finas (PM2.5) -generadas por la combustión y que pueden penetrar hasta el torrente sanguíneo- se asocia con un aumento en la mortalidad de 0,44% y 0,68%".

Es decir, que si la contaminación media que registra España se duplicara, a pesar de que baja desde hace décadas, la tasa de mortalidad apenas aumentaría un 0,68% a corto plazo. Una vez más, un alarmismo desproporcionado e irreal para un riesgo, como mínimo, dudoso, y, en todo caso, marginal.

5. La contaminación no mata

Y, por último, la mayor prueba de que la contaminación atmosférica no es un problema reseñable es que las mismas ciudades que son calificadas de alto riesgo por la izquierda, como es el caso de Madrid, Milán o París, son, precisamente, las que gozan de la mayor esperanza de vida de Europa, empezando por la capital española, con 85,2 años, frente a la media que de 81 años que presenta la UE.

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Esto evidencia, por un lado, que la contaminación en Madrid no es, ni de lejos, tan peligrosa como anuncian muchos y, por otro, que la elevada calidad de vida que disfrutan los madrileños, gracias, en gran medida, a ciertas actividades contaminantes, como la calefacción, el transporte o la industria, salvan y mejoran muchas más vidas de las que perjudican.

Tanto es así que la Comunidad de Madrid registra una tasa de mortalidad por enfermedades respiratorias de apenas 12 defunciones por cada 100.000 habitantes, inferior a la media de España (14,8) y muy por debajo de otras regiones mucho menos urbanas como Asturias (14,8), Galicia (15), Murcia (16,3), Andalucía (17,5)… De hecho, tan sólo La Rioja (10,3), Cantabria (11) y Castilla y León (11,1) ostentan tasas inferiores a Madrid. La temida "contaminación", por cierto, no aparece en ningún registro oficial como causa de mortalidad en España... Ayuso, por tanto, tenía razón.

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