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Manuel Llamas

El Club Berlín

¿De verdad piensan que, llegado el caso, Alemania estará dispuesta a cargar con el coste? La respuesta es no. Merkel prepara ya su particular plan para permitir una quiebra ordenada de países dentro de la zona euro.

Manuel Llamas
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¡España ha ganado el Mundial! Alegría y alborozo. Tal y como se esperaba, el épico campeonato que ha culminado la selección española ha sido empleado por los miembros del Ejecutivo como una nueva señal inequívoca de la fortaleza económica del país y el prestigio de la marca España en el exterior. Incluso algunos se han atrevido a pronosticar que esta victoria histórica servirá para relanzar el deteriorado PIB nacional... Ilusos.

La realidad es muy distinta. España sigue en jaque, y tan sólo es cuestión de tiempo saber si la partida terminará en mate o si, por el contrario, un giro inesperado de lucidez por parte de nuestros gobernantes logrará salvarnos de la quema. En las últimas semanas, España ha sido noticia, pero no por el Mundial, sino por las reiteradas advertencias de que el país se verá abocado a un rescate por parte de Bruselas y el Fondo Monetario Internacional (FMI). Ya lo advertíamos en estas páginas el pasado año: el FMI acabaría desembarcando en Madrid, y esta posibilidad está cada vez más cerca.

La banca internacional ya da por descontado que el Gobierno precisará acudir a fondo de rescate europeo para tratar de mantener en pie el sistema financiero español. Salgado insiste en que el Fondo de Reestructuración Bancaria (FROB) será suficiente para capitalizar bancos y cajas, cuando hace apenas un año Zapatero alardeaba de solvencia financiera ante medio mundo. Pues bien, es muy posible que los casi 100.000 millones de euros previstos por el FROB no serán suficientes para acometer tal misión. Pero es que, además, el Estado tendrá serios problemas para colocar tal cantidad de deuda pública en el mercado de bonos. Así pues, la mayoría de los inversores cuenta con que España será rescatada, con todo lo que ello implica (fíjense en el caso de Grecia).

Hasta aquí la primera fase. Hay más. ¿De verdad piensan que, llegado el caso, Alemania estará dispuesta a cargar con el coste? La respuesta es no. Merkel prepara ya su particular plan para permitir una quiebra ordenada de países dentro de la zona euro. España está entre los candidatos. El Ejecutivo alemán trabaja en un proyecto para modificar el Tratado de Lisboa e introducir, así, una nueva figura arbitral para este tipo de casos: el denominado "Club de Berlín".

Este organismo sería el encargado de dirigir la necesaria reestructuración de deuda soberana. Los acreedores (bancos alemanes y franceses, en su mayoría, pero también españoles) se verían obligados a aceptar una quita (descuento) sobre el valor nominal de sus bonos de entre un 20% y 50%, así como a aceptar una moratoria de varios años para recuperar el dinero. ¿Y cómo garantizar el pago? Los países afectados perderán su soberanía. Bruselas y el FMI desembarcarán en La Moncloa. El Gobierno no podrá hacer uso de una parte sustancial de su tesorería, ya que ésta (financiada con los impuestos de los contribuyentes) irá destinada íntegramente al pago de la deuda.

Desde luego, ésta es la mejor opción. El rescate de países es profundamente inmoral e injusto, además de ineficaz. Al igual que una empresa quebrada, los acreedores tendrán que asumir el riesgo derivado de sus inversiones, y para que la compañía sobreviva tendrá que afrontar un duro ajuste basado en drásticos recortes presupuestarios y reformas estructurales de todo tipo. El mensaje del plan de Merkel es claro: si no lo haces tú (Zapatero), lo haré yo, pero esta vez sin contemplaciones. Y es que, en caso de suspensión de pagos, España se vería abocada a la salida del euro, y la consiguiente argentinización.

¿Duro? Sí. ¿Realista? También. Estas medidas se discuten desde hace tiempo en Bruselas, aunque no en público. ¿Queda otra salida? Por supuesto. Que Zapatero asuma su responsabilidad y haga lo que tenga que hacer para evitar la intervención exterior, consciente de que, muy posiblemente, no volvería a ser reelegido como presidente. ¿Lo hará? De momento, se conforma con reformas a medias y con que el éxito de La Roja distraiga durante algunas semanas la atención de la opinión pública. Es decir, ganar tiempo. El problema es que, tarde o temprano, el tiempo, como todo, también se acaba. La partida continúa.

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