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Manuel Llamas

La farsa bancaria continúa

Corrigiendo algo a la baja las previsiones macroeconómicas de los stress test, un total de 54 entidades suspenderían el examen de solvencia (el 60% de los bancos analizados), con un déficit acumulado de capital de hasta 75.000 millones de euros.

Manuel Llamas
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El pasado sábado toda la prensa generalista española, con independencia de su tendencia ideológica, coincidió en destacar los buenísimos resultados obtenidos por la banca española en los stress test (pruebas de resistencia) efectuados a las grandes entidades financieras europeas. Daba pena, por no decir sonrojo, leer los titulares publicados al unísono por todos los grandes medios de comunicación. Cualquiera que se hubiera acercado aquel día a un quiosco habría concluido, a la vista de las portadas expuestas, que nuestro sistema financiero es sólido y solvente como una roca. Sin duda, un día negro y aciago para la prensa nacional.

El engaño perpetrado por las autoridades públicas, con la inestimable ayuda de periódicos y telediarios, ha sido bochornoso. La realidad dista mucho de esos mensajes de optimismo y autocomplacencia. Por desgracia, tal y como temíamos, la farsa de los stress test se ha llevado a término. Tan sólo siete entidades –cinco españolas– de las 91 analizadas no han superado las pruebas de solvencia bancaria, y apenas precisarán de una inyección extra de 3.500 millones de euros para restaurar su falta de capital en caso de que se materialice el peor escenario contemplado en dichos test. La cuantía del rescate supone, simplemente, un insulto a la inteligencia.

En primer lugar, los bancos y cajas españoles parten de una tasa irreal de morosidad y cobertura para hacer frente a las pérdidas derivadas de los impagos crediticios. El nivel de créditos dudosos que acumula el sistema no es del 5,5% sino muy superior, próximo al 8% de media. Además, los stress test, si bien contemplan un cierto descuento en los bonos soberanos, éste tan sólo se aplica a la deuda pública que las entidades europeas pretenden vender a corto plazo (apenas 108.000 millones de euros en el caso de las 10 más grandes) y no en la que mantienen hasta su vencimiento (cerca de 400.000 millones).

Es decir, las autoridades han descartado por completo la posibilidad de que un Estado miembro de la zona euro suspenda pagos, pese a que la reestructuración de la deuda griega es algo que los mercados dan, prácticamente, por descontado, y el riesgo de que otros países (como España, Portugal o Irlanda) sigan la misma senda no se puede descartar, al menos por el momento. Así, por ejemplo, según Citi, si el descuento que incluyen los stress test se aplicara a toda la deuda pública que los bancos analizados acumulan en sus balances 24 entidades no alcanzarían los límites mínimos de capital establecidos (6% de Tier 1), con lo que suspenderían la prueba. En tal caso, precisarían 15.000 millones de euros para ser rescatados.

Pero vayamos un poco más allá. Incluso dando por buenas las pérdidas estimadas en los stress test, el problema fundamental consiste en que las autoridades han inflado artificialmente los recursos propios de la banca (futuros beneficios y ratios de cobertura) para hacer frente a los impagos, con lo que la necesidad de capital extra será, sin duda, muy superior a la declarada oficialmente. En el caso de España rondaría, como mínimo, los 80.000 millones de euros (la cuantía actual del FROB).

Además, si bien la atención se ha centrado en las entidades suspendidas, apenas se ha tenido en cuenta que otras muchas han aprobado el test por los pelos. Así, Caixa Catalunya, Banca Cívica, CajaSur, España-Duero y Unimm no alcanzarían el Tier 1 del 6%, pero es que Caja Madrid-Bancaja, Banco Pastor, CajaSol, Caja3, Guipuzcuano y Pollença se quedarían por debajo del 6,5% en caso de que se materialice el escenario más adverso de los stress test. Es decir, más de la mitad de las cajas que existen en la actualidad (tras los procesos de fusión de los últimos meses) estarían al borde de la insolvencia.

Por si ello fuera poco, ¿cómo es posible que los reguladores hayan establecido el límite mínimo de capital en el 6% cuando estas mismas autoridades trabajan en la actualidad para elevar el Tier 1 al 8% en el marco de Basilea III? Es decir, han exigido a la banca europea una ratio de solvencia inferior al que pretenden aplicar en el futuro inmediato. ¿Qué pasaría si elevamos el Tier 1 al 8%? El panorama cambia de forma radical: 39 bancos europeos (frente a los 7 anunciados) no superarían las pruebas ya que estarían, oficialmente, descapitalizados; los activos deteriorados ascenderían a la friolera de 2,6 billones de euros (y no a 246.000 millones); y precisarían un capital extra de 30.000 millones frente a los 3.500 declarados en los test del pasado viernes (10 veces más). Y eso, manteniendo intactas las variables y escenarios contemplados en las pruebas.

Por último, los analistas de JP Morgan incluyen en su último análisis algunas de las dudas aquí expuestas, y su conclusión arroja escaso margen para el optimismo: corrigiendo algo a la baja las previsiones macroeconómicas de los stress test (lo cual es más que razonable) un total de 54 entidades suspenderían el examen de solvencia (el 60% de los bancos analizados), con un déficit acumulado de capital de hasta 75.000 millones de euros. En resumen, una broma, una farsa, un engaño... Una vergüenza que, tarde o temprano, será castigada por el mercado.

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