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Sánchez y la UE, al rescate de Maduro

Al darle la facultad de convocar elecciones, Bruselas reconoce la legitimidad de un jefe de Estado que según la propia UE fue reelegido mediante una trampa.

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EFE

Rompiendo el emocionante consenso alcanzado por todos los países de América con vocación democrática, Bruselas no ha sido capaz de reconocer a Juan Guaidó como presidente legítimo de Venezuela. En su lugar, los 28 le han exigido a Maduro que convoque elecciones en ocho días. Solo si Maduro no llama a ir a las urnas antes de ese plazo, la Unión Europea reconocerá a Guaidó como presidente.

Los portavoces comunitarios tratan de presentar su decisión sobre Venezuela como un acto de firmeza que redobla la presión sobre Maduro y empuja hacia una salida democrática a lo que siguen considerando un conflicto entre dos partes. Pero la realidad es que Pedro Sánchez y el resto de líderes de la Unión Europea acaban de lanzar a Maduro un salvavidas que puede ser crucial para su supervivencia.

La vergonzante vía de en medio escogida por Bruselas carece de toda lógica y solo beneficia a quien sigue atrincherado en el poder en Caracas. La Unión Europea sí coincidió con las democracias de América en denunciar el fraude electoral perpetrado por Maduro en mayo del año pasado. Maduro consiguió su segundo mandato, del que tomó posesión este 10 de enero, en virtud de una victoria electoral no reconocida por la Unión Europea. Al darle la facultad de convocar elecciones, Bruselas reconoce la legitimidad de un jefe de Estado que según la propia Unión Europea fue reelegido mediante una trampa. El sinsentido no termina aquí. ¿Quién en su sano juicio puede encargar la organización de unas elecciones a quien ya hizo trampa en el pasado y esperar esta vez un proceso justo y transparente?

Hay más. Si Maduro acepta la tabla de salvación que le ofrece la Unión Europea y Guaidó y quienes le apoyan se dejan engatusar por el compromiso que propone Bruselas, el régimen habrá ganado una vez más el tiempo necesario para reorganizarse y detener la cascada de acontecimientos que le han puesto contra las cuerdas en los últimos días.

Imaginemos que Maduro convoca elecciones para dentro de tres meses. En esos tres meses la oposición se fragmentará entre partidarios de ir a esos comicios y quienes rechazan volver a las urnas bajo la tutela de la dictadura.

El que desde la oposición se presente a las elecciones lo hará con la desconfianza de buena parte de los venezolanos, que verán en su participación en otros comicios organizados por el chavismo un acto de traición y complicidad con Maduro. Las posibilidades de las candidaturas opositoras en estas elecciones que propone la Unión Europea estarán por tanto gravemente mermadas, y no solo por el recelo ante quien se preste a una nueva estafa electoral de la revolución.

No cabe duda de que la Unión Europea exigiría observación internacional para la celebración de estos comicios. Pero ni el más formidable ejército de observadores será capaz de desmontar en unos pocos meses y con Maduro y sus generales aún en el poder la maquinaria de intimidación, fraude y compra de voluntades que el chavismo ha puesto en pie en los 20 años que lleva mandando.

La proclamación de Guaidó como presidente y el apoyo inmediato y sin condiciones de la América que quiere libertad en Venezuela han puesto muy cerca de librarse de la tiranía a los venezolanos. Si el plan europeo sale bien y Maduro acepta convocar elecciones, el fin de la dictadura volverá a alejarse una vez más.

La Unión Europea, y al frente de ella el Gobierno socialista de Sánchez, pueden ser los responsables de que varias de generaciones más de venezolanos nazcan condenadas a la desnutrición y la miseria, y de que mueran sin haber conocido la libertad.

Claro que Venezuela debe celebrar elecciones libres, pero convocadas por Guaidó y una vez desmantelada la dictadura de Maduro.

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