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Marcel Gascón Barberá

Si hubiera hecho caso a sus críticos, Israel ya no existiría

La clase dirigente y la ciudadanía israelíes tienen muy claro que su supervivencia depende enteramente de la determinación y la eficacia con que se defiendan.

Marcel Gascón Barberá
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La clase dirigente y la ciudadanía israelíes tienen muy claro que su supervivencia depende enteramente de la determinación y la eficacia con que se defiendan.
Netanyahu saluda a un grupo de soldados. | EFE

El jueves por la tarde, tres días después del comienzo de la ofensiva de Hamás desde Gaza, a Israel se le abría un nuevo frente terrorista en el norte. Tres cohetes lanzados desde los alrededores de un campo de refugiados palestinos en el sur del Líbano caían en el mar sin provocar víctimas. La noticia agudizaba aún más la sensación de asedio en que viven los israelíes estos días.

Pese a las duras represalias israelíes contra sus infraestructuras y sus cabecillas, Hamás y la Yihad Islámica siguen disparando cohetes desde Gaza, y han obligado incluso a cerrar el aeropuerto internacional de Israel. Estos grupos terroristas han lanzado más de mil cohetes contra la población civil israelí, pero su arsenal de misiles parece no agotarse y los proyectiles siguen cayendo sobre las ciudades del Estado judío, incluida la normalmente segura Tel Aviv, de forma indiscriminada.

Por si fuera poco, turbas de musulmanes árabes de nacionalidad israelí han incendiado sinagogas e intentado linchar a sus conciudadanos judíos en localidades como Lod o Acre. Grupos de judíos han respondido a esta violencia con la misma moneda, dejando imágenes igualmente escalofriantes que han sido condenadas por todo el espectro político en Israel.

Mientras, la policía se ha visto incapaz por el momento de poner fin a esos disturbios, y la posibilidad de que una quinta columna activa de israelíes árabes se sume a las amenazas crónicas que acechan a Israel empieza a tomar cuerpo en los escenarios a corto plazo.

En estas circunstancias, los cientos de miles de ciudadanos que constituyen las Fuerzas Armadas de Israel se preparan para una nueva guerra que podría implicar volver a entrar en la ratonera de Gaza sin descuidar el frente del norte, que parece haberse activado esta noche.

Y en medio de este asedio, Israel ha de enfrentarse también a la hostilidad indisimulada de la mayor parte de la opinión pública democrática en todo el mundo. Numerosos líderes políticos occidentales y los principales medios de comunicación ignoran o tergiversan una vez más la sucesión de acontecimientos que han llevado a Israel a bombardear Gaza para exonerar a las fuerzas terroristas palestinas y culpar al Estado judío de la escalada.

Una de las trampas más habituales es presentar los bombardeos israelíes contra gerifaltes de Hamás y la Yihad Islámica en Gaza como una respuesta a los disturbios protagonizados días antes en la zona oriental de Jerusalén por jóvenes árabes. Según esta versión de los acontecimientos, a la que se han abonado ya muchos medios, Israel habría respondido con bombas a una protesta supuestamente pacífica.

La realidad es, sin embargo, muy distinta. A través de su policía, Israel trató las algaradas como un problema de orden público, y fueron los terroristas de Hamás que gobiernan la Franja de Gaza quienes abrieron las hostilidades al lanzar los primeros cohetes el lunes. Ante esto, Israel respondió con bombas de precisión que han logrado acabar con algunos de los máximos responsables de las facciones terroristas que destinan todos sus recursos y esfuerzos a tratar de asesinar al mayor número posible de israelíes, mientras buscan conmover al mundo con la miseria en que han forzado a vivir a los habitantes de Gaza.

Es casi seguro que, como afirma el Ministerio de Sanidad de Hamás, haya habido víctimas civiles entre los bombardeos. Como no se cansan de repetir los portavoces del Estado judío, las facciones terroristas palestinas disparan sus misiles desde zonas civiles, en cuyos edificios instalan sus centros militares, de desarrollo militar y de inteligencia. De esa forma, Israel acaba destruyendo viviendas y en ocasiones matando a gente inocente, a la que busca por todos los medios alejar del lugar de los bombardeos.

Analistas militares de todo signo coinciden en que Israel podría aniquilar a Hamás en unas pocas horas si empleara su capacidad militar con la misma falta de escrúpulos que muestra Hamás a la hora de tratar a los civiles, tanto árabes como judíos. Israel no lo hace porque su Ejército siempre ha tenido como política proteger a la gente inocente.

Pese a todas las calumnias y los llamamientos aparentemente bienintencionados a aflojar en su respuesta a los terroristas, la clase dirigente y la ciudadanía israelíes tienen muy claro que su supervivencia depende enteramente de la determinación y la eficacia con que se defiendan.

Solo esta lucidez y firmeza de propósito han permitido a Israel salir airoso de situaciones de asedio como la que ahora atraviesa, porque el Estado judío habría dejado de existir hace mucho si, como le piden sus críticos, hubiera tratado como pacíficos humanistas a quienes sacrifican a su propio pueblo para destruirlo.

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