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Los peligros del peronismo

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La única certeza que tenemos los argentinos es que nuestro próximo presidente será peronista. Las disputas de poder entre los líderes de ese partido, Eduardo Duhalde y Carlos Menem, que no pudieron resolverse en deliberaciones y votaciones internas, dentro del propio Partido Justicialista, se dirimieron en las elecciones presidenciales del 27 de abril.

Tres candidatos peronistas presentaron sus fórmulas y capturaron alrededor del 60% del total de los votos. Dos de ellos, Carlos Menem y Néstor Kirchner, quienes obtuvieron las dos mayores votaciones, se enfrentarán de nuevo, el próximo 18 de mayo, en la segunda vuelta electoral.

Ansiosos por diferenciarse, ambos aseguran que proponen al electorado dos modelos de país distintos. En realidad, lo que proponen son dos visiones económicas diferentes, la de Menem es más orientada al mercado y la de Kirchner es más estatista, pero ambos representan la misma manera de hacer política. Porque, definitivamente, la Argentina peronista no es la Argentina de la nueva política, sino lo contrario. Sin reforma política a la vista, en estas elecciones ha quedado claro que las viejas prácticas clientelistas, de punteros políticos y aparatos financiados con fondos públicos del Estado Nacional o de las Provincias al servicio de los candidatos, siguen plenamente vigentes. Por ejemplo, el poder de los caudillos provinciales peronistas está intacto y en algunas provincias o “feudos” peronistas como La Rioja, San Luis y Santa Cruz, ese partido obtuvo entre el 80 y 90% de los votos.

La Argentina peronista es además un país fragmentado políticamente. Con el Radicalismo en su peor momento tras la caída del gobierno de Fernando de La Rúa en el 2001, el tradicional bipartidismo que tenía como protagonistas a peronistas y radicales se convirtió en una mera disputa entre peronistas que se pelean por cada centímetro de poder dentro del propio partido y que ya no miran a los radicales como adversarios. En estas elecciones, el Radicalismo obtuvo el porcentaje más bajo en su larga historia de más de 113 años, apenas 2,3% de los votos.

Los votos radicales se repartieron entre dos ex-partidarios: Ricardo López Murphy y Elisa Carrió. Ambos formaron sus propios partidos (“Recrear para el Crecimiento” y “Acción para una República de Iguales”, respectivamente), pero están en las antípodas ideológicas y manifiestan no tener nada en común, salvo el origen radical. López Murphy se define como de centroderecha y Carrió como de centroizquierda. Ambos quieren convertir a sus partidos en la principal fuerza opositora del peronismo. De los dos, López Murphy es quien salió mejor en las elecciones (16,5% de votos y se ubicó tercero) y podría ser quien construya la variable de oposición más seria, pero habrá que ver cómo se maneja en los próximos meses y si logra darle a “Recrear” una influencia nacional que en este momento no tiene. Una prueba de fuego para el economista López Murphy serán las próximas elecciones a Jefe de Gobierno de la Capital Federal, el único lugar del país donde ganó con 25% de los votos.

Pero sin el radicalismo como oposición, la Argentina peronista es peligrosa porque los acontecimientos han demostrado que los juegos de poder dentro del peronismo usualmente exceden los marcos institucionales, lo cual es un retroceso del sistema democrático, ya que la hegemonía de un solo partido puede devenir en autoritarismo.

También desde lo económico es peligrosa la Argentina peronista por sus promesas facilistas, los compromisos clientelistas y los favores que deben a corporaciones políticas y empresariales, los típicos recursos del populismo peronista, que sumados a los graves problemas económicos actuales no apuntan hacia una sana administración fiscal ni a una sana política monetaria.

Otro peligro menos obvio, pero más dañino, es que los argentinos terminemos convencidos de que ninguna otra opción política es viable fuera del peronismo, que ningún otro partido político puede garantizar la gobernabilidad y que fuera del peronismo no existe estabilidad, seguridad ni crecimiento.

Los argentinos votamos con miedo; pudiendo elegir la libertad, elegimos seguir cautivos. Y eso es lo que deben combatir los otros partidos políticos, tomando el desafío de construir nuevas propuestas. Porque la democracia siempre da otra oportunidad.

María del Carmen Bourdin es periodista argentina, directora ejecutiva de la Fundación del Sur.

© AIPE

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