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Transparencia

Si el Gobierno insiste en buscar a la opinión pública por el pitón de la complacencia con el neopopulismo -ese que eclosiona en el fenómeno indignado- puede acabar fatalmente corneado.

Mariano Alonso
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La tercera acepción del María Moliner nos habla de un trucaje cinematográfico para fingir exteriores cuando se rueda en estudio. Así, el iluso (en el mejor sentido de la palabra) espectador cree ver a su héroe en las nieves del Kilimanjaro, cuando en realidad camina por un prosaico plató de Móstoles. No es descartable que este Gobierno, no en vano el más instruido de nuestra historia, la haya tenido en cuenta para lanzar uno de sus proyectos estrella. Para hacerlo, además, a dos días de quitarse de una vez el corsé Arenas que tanto está condicionando sus primeros pasos. Aunque si insiste en buscar a la opinión pública por el pitón de la complacencia con el neopopulismo –ese que eclosiona en el fenómeno indignado- puede acabar fatalmente corneado.

Ocurre que para el pueblo y sus voceras nunca nada parece ser suficiente. Dos legislaturas lleva hasta el último diputado por Palencia teniendo que acreditar su saldo en cuenta corriente o los plazos que le quedan para que sea suyo el utilitario de fin de semana. Striptease, huelga decir, ante el que se levantarían en armas los resentidos de todo pelaje ideológico si alguien les obligara a practicarlo. Pero altamente insatisfactorio para quienes, secretamente, anhelan las mismas prebendas que la élite sin hacerse cargo de ninguna de sus obligaciones. De ahí, por actual ejemplo, el rasgado de vestiduras ante el fichaje por una prestigiosa multinacional de un brillante jurista, coyunturalmente vicepresidente consorte.

El respetable, ha explicado Soraya Sáenz de Santamaría, podrá trasladar en una web diseñada a tal efecto (ya puestos que nos digan quién ha pillado con ella) sus peticiones. Audiencia pública, previa a la tramitación parlamentaria del proyecto, en la que se dará rienda suelta a las más pintorescas propuestas. En alguna página apócrifa ya se pide conocer al detalle la factura del desayuno de la Familia Real. Bienvenida, en cualquier caso, cuanta modificación logre embridar la incompetencia gestora de los administradores de lo común. Y que sirva de ejemplo para un país en el que, como indican los números, la deuda privada supone un problema mayor que la pública, homologable a la de nuestro entorno. Andado el tiempo, como ante todo adolescente caprichoso, alguien deberá defender el privilegio. Concepto, éste también, que la corrección política se ha llevado por delante.

El Sr. Alonso es subdirector del programa Sin Complejos, de esRadio. Sígalo en Twitter:@mariano_alonsof

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