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Mario Noya

Lucha contra el coronavirus: Suecia no quiere ser China (ni España)

Norberg: "Suecia no ha reprimido las libertades fundamentales de la manera en que lo han hecho otros, ni desbaratado la sociedad y arruinado la economía en la misma medida".

Mario Noya
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Norberg: "Suecia no ha reprimido las libertades fundamentales de la manera en que lo han hecho otros, ni desbaratado la sociedad y arruinado la economía en la misma medida".
Johan Norberg | Cordon Press

En la revista libertaria Reason, el economista sueco Johan Norberg, que amaneció al liberalismo desde el anarquismo en un país –aquella Suecia– zombificado por el socialismo, hace un elogio muy suyo y muy sueco, comedido pero firme, de la manera sueca de combatir el coronavirus; una manera harto liberal, de puertas bastante abiertas –de los restaurantes, los gimnasios, las bibliotecas...– y con gran protagonismo de la responsabilidad individual, que está siendo muy mal vista en muchos sitios, empezando por las vecinas Dinamarca y Noruega, que han optado por el tan común cerrojazo colectivista. (Aunque a los españoles la Dinamarca de esta hora puede parecernos poco menos que Libertonia: los daneses pueden salir a pasear, navegar, montar en bicicleta sin ningún problema).

"Lo cierto es que Suecia está en una suerte de punto medio europeo en cuanto a muertes per cápita, lo cual es en sí mismo interesante", apunta un Norberg que hace unas reflexiones oportunísimas sobre las muy distintas contabilidades empleadas en cada país –incluso en el seno de cada país–, que hacen que las comparaciones que se están estableciendo no sirvan para aclarar y que en algunas ocasiones sean hasta odiosas de puro intoxicadoras. "Somos un caso aparte por las medidas adoptadas, no por los resultados obtenidos", aclara.

Norberg está más que dispuesto a conceder –el término es preciso porque sostiene que el conteo sueco de víctimas es más fiable– que su país padece una tasa de fallecimientos per cápita superior a la de sus vecinos escandinavos.

Ahora.

[La mayor mortalidad sueca] es un resultado lógico de la decisión de esos países [Dinamarca y Noruega] de posponer contagios y muertes mediante el bloqueo completo de [sus] sociedades durante un periodo de tiempo. Ahora queda por ver qué ocurre cuando empiecen a abrirlas de nuevo y afronten una nueva oleada de covid-19.

Y es que

ningún Gobierno puede mantener encerrada a la gente hasta que consigamos una vacuna, y la mayoría ya está rebajando las restricciones.

Llegados a este punto, Norberg remite a una proyección harvardiana que dice que

un 60% de supresión de la enfermedad resultará en el futuro en un mayor número de contagios y muertos en comparación con una estrategia mitigadora como la que está utilizando Suecia, donde la expansión se reduce no más de un 20 o un 40% para que la enfermedad pueda extenderse entre la población y se genere inmunidad comunitaria, mientras se protege a los más vulnerables.

Aquí Norberg vuelve a conceder; en este caso, que la herd immunity, la inmunidad comunitaria, aún debe imponerse a la herd mentality, la mentalidad rebañega, podríamos decir; pero considera que su país avanza por el buen camino y que sus compatriotas son perfectamente conscientes de lo que está sucediendo, de ahí que estén adoptando medidas de distanciamiento social de la más óptima de las maneras: en buena parte sin que medie coerción estatal y sin hacer de Suecia una suerte de sucedáneo boreal de la tan culpable China comunista.

"La estrategia sueca podrá considerarse un fracaso si deriva en un aumento de contagios tan elevado que sature el sistema sanitario y gente que podría ser salvada en otras circunstancias fallece por falta de cuidados", aventura Norberg. Es decir, si en Suecia pasara lo que ha pasado en España. Pero no está siendo el caso y "los modelos y gurús que predijeron que esto era lo que iba a suceder tan pronto como a finales de marzo se han equivocado", deja claro. Además, añade que el 20% de las plazas de las UCI suecas siguen aún disponibles, y "parece que la enfermedad está perdiendo velocidad, más que ganándola".

"¿Por qué Suecia lo está haciendo mucho mejor de lo que muchos predijeron?", plantea Norberg para ir al grano y responder de inmediato: porque esos otros "muchos" no tuvieron en cuenta que "la sociedad respondería voluntariamente a la pandemia". La cursiva es nuestra, o sea mía.

Relata Norberg que "los suecos, aunque de manera imperfecta [que son humanos, vaya], en líneas generales han hecho un buen trabajo de autoaislamiento voluntario" y reducido su movilidad sustancialmente, como saben y padecen los sectores turístico y hostelero del país. "No estamos yendo de tiendas y restaurantes tanto como solíamos", refiere. "Pero", qué pero crucial, "perder dos tercios de los ingresos en lugar del 100% puede que sea la diferencia entre la vida y la muerte para numerosos emprendedores".

El autor de En defensa del capitalismo global no cree que la pandemia esté en las últimas ni está seguro de que el modelo sueco vaya a tener éxito; pero... de nuevo un pero memorable, atiendan a lo que dice en los tres párrafos con que cierra ese artículo suyo tan interesante:

Quizá a largo plazo las cosas vayan a peor en Suecia, y entonces habremos de proceder a una grave autocrítica. O quizá Suecia sea el único lugar que tenga éxito a la hora de limitar el daño duradero mientras cuida de los enfermos, protege a los vulnerables y avanza hacia la inmunidad comunitaria.

Aún no sabemos si el modelo sueco es mejor o peor. Lo que sí sabemos es que Suecia no ha reprimido las libertades fundamentales de la manera en que lo han hecho otros, ni desbaratado la sociedad y arruinado la economía en la misma medida.

Como quizá hubiera apuntado Hipócrates, "Ante todo, no hagas daño".

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Manifiesto por la Libertad. En defensa de un Estado Libre y de Derecho.
Contra el confinamiento de la población. Manifiesto.

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