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Michelle Malkin

La furia que no es noticia

El hostelero podría haber anticipado qué iba a suceder si los medios hubiesen informado sobre los acontecimientos de Pórtland, donde dos vándalos fuera de sí eran detenidos tras arrojar un cóctel molotov contra un cartel de McCain en mitad de la noche.

Michelle Malkin
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Cuando unos pocos partidarios medio salvajes de McCain-Palin se exaltan durante la campaña, esto se convierte noticia nacional. Se lo califica de "epidemia de ira al estilo de Weimar" y de "violenta escalada de insultos" por parte de algunos, como el columnista del New York Times, Frank Rich. Es "el renacer de la extrema derecha como una fuerza en la política americana", según el columnista E.J. Dionne, del Washington Post. O incluso un movimiento de republicanos "poseídos por una rabia enfermiza" según el ganador del Nobel, Paul Krugman.

Una pena que no premien a los analistas políticos más ciegos del panorama nacional. Acabamos de encontrar a tres ganadores seguros.

¿Están algunos derechistas perdiendo el control? Pues probablemente. Entre el masivo fraude electoral de Acorn, el incontrolable odio a EEUU de Bill Ayers y de Jeremiah Wright y la incapacidad de John McCain para dar a conocer las duraderas alianzas de Barack Obama con todos los de arriba, los conservadores tienen mucho de lo que quejarse en la actualidad.

Pero un par de abucheadores no equivalen a un renacimiento de la extrema derecha. De hecho, más bien cabría decir que por parte de la izquierda existe una desbordante abundancia de ira electoral que no suele aparecer en la portada de ningún diario.

El mes pasado, en el Upper West Side de Manhattan, un pequeño y valiente contingente de partidarios de McCain recorría las calles con pancartas de campaña. Se encontraron con una amenazadora horda de neoyorquinos que mostraron su desaprobación con burlas y gestos vulgares. Un video de la confrontación en YouTube ha sido visualizado ya casi medio millón de veces (vaya a youtube y busque "Manifestación Pro-McCain en Manhattan"). Pero no espere que salga en las noticias de la noche. No encaja en la narrativa de la "Furiosa Extrema Derecha".

Ni tampoco espere ver la reacción de los partidarios de Obama a una pancarta McCain-Palin en el condado de Prince George, de dominio demócrata. Ocultada en la sección local del Washington Post, podía leerse que "se montó la de Dios es Cristo" cuando un empresario colocó una valla publicitaria "El país primero. McCain/Palin" en la marquesina de su Colony South Hotel & Conference Center.

"Los gestores de las listas de correo electrónico del vecindario bombardearon los correos de sus miembros y los líderes de la comunidad exigieron boicotear el hotel", informaba el tabloide. Un profesor negro calificó la valla de "una bomba fétida en mitad de la sala de estar" del país de Obama. Al final, el pobre hostelero, Alan Vahabzadeh, acabó cediendo. "No alcancé a imaginar que iba a pasar esto".

Quizá, el hostelero podría haber anticipado qué iba a suceder si los medios hubiesen informado sobre los acontecimientos de Pórtland, donde dos vándalos fuera de sí eran detenidos tras arrojar un cóctel molotov contra un cartel de McCain en mitad de la noche. Cositas que no suelen aparecer en las columnas de Rich, Dionne o Krugman. Y es que no encaja bien en la imagen de la Furiosa Extrema Derecha.

En definitiva, al hablar de "la escalada de violencia" nunca escuchará hablar de que:

– Los partidarios de Obama en Filadelfia llevaron camisetas con el eslogan "Sarah Palin es una (añada un vulgarismo repugnante)" y durante el fin de semana gritaban "Lapidémosla, a la vieja usanza".

– La pintada "ABORTA a Palin" ha aparecido en las aceras de Seattle y ya pueden comprarse pegatinas de "Aborta a Sarah Palin" por las tiendas virtuales.

– La cantante Madonna ha criticado a Palin ante una audiencia de miles de personas, gritando y amenazando con "patearla".

Getty Images publica la fotografía de un hombre que lleva un arma simulada apuntada a la cabeza de un recorte de Palin.

Y nadie se inmuta. Ni un estornudo por parte de los Obamedios.

"Incitación a la violencia", lamenta el reportero de la NBC, Ron Allen. "Preocución por la seguridad del senador Obama", teme el periodista de la ABC, Terry Moran. Como si la campaña de Obama no hubiera roto nunca ni un plato.

© Creators Syndicate, Inc.

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