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Rubalcaba y el PSOE no promueven el pleno desarrollo del Estado autonómico, ni están preocupados por perfeccionar el autogobierno de los españoles.

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Alfredo Pérez Rubalcaba ha manifestado la intención de su partido de “ir más allá” en el desarrollo del Estado autonómico aun sin el acuerdo del PP, para avanzar en el autogobierno y que así los ciudadanos se sientan más cómodos. Sus palabras deben ser entendidas en el contexto del psicodrama autonómico con el que la dirección socialista nos está entreteniendo este verano, y se producen después de que Mariano Rajoy haya manifestado su intención de pedir a Zapatero información sobre las reformas a las que el PP fue convocado durante la sesión de investidura del Presidente del Gobierno, petición que a juicio del PSOE constituye una impertinencia intolerable.
 
Las declaraciones del portavoz socialista merecen dos comentarios:
 
1º. En la vida en general, y en la vida política en particular, hay cosas que no se pueden “llevar más allá” sin que dejen de ser lo que son. Una letra “b” no es una letra “a” llevada más allá; el concepto “tercero” no es como “segundo” pero “en su máxima expresión”; y el mes de “octubre” no es “septiembre” reinterpretado para que dé “todo lo que lleva dentro”. Son cosas diferentes, y por eso tienen su propio nombre. El Estado autonómico puede ser mejorable –lo que, desde luego, no ocurrirá si se excluye de antemano a quienes solicitan que se aclare cuál es la propuesta sobre la que se ha de discutir-, pero llevarlo más allá de sí mismo es imposible. Pasa a ser otra cosa. Liquidar el Estado autonómico es una propuesta legítima –igual que oponerse a su liquidación-, pero debe exponerse claramente. Es el PSOE el que ha decidido salirse del consenso constitucional y de los pactos autonómicos, y lo ha hecho por una razón: cree que si el PP pudo ganar dos elecciones no fue porque la gente lo votó libremente, sino porque el sistema, la Constitución de 1978, está sesgado a su favor, y ese sesgo debe ser corregido; para empezar, desapoderando al gobierno central y dando más poder a las Comunidades Autónomas que previsiblemente no serán gobernadas por el PP.
 
2º. La manera en que Rubalcaba ha planteado el debate es, obviamente, una trampa del lenguaje. Al enunciarlo como una pugna entre quienes desean más autogobierno y quienes se niegan a él, imputa al adversario un deseo de violentar la voluntad de la gente, puesto que lo contrario del autogobierno es el gobierno despótico. Pero no es eso lo que está en discusión. Todos los españoles se están autogobernando desde 1978; con o sin autonomías, y mediante sus representantes en el Parlamento nacional, en las instituciones de la UE y en sus ayuntamientos.
 
Quien niega el autogobierno es quien asume como propio el concepto de “Estado asimétrico”, mediante el cual no sólo se pretende el gobierno de la propia Comunidad Autónoma, sino el gobierno de las demás y del conjunto de España, incluso exigiendo que el Parlamento nacional renuncie a sus competencias y asuma sin debate lo que se decida en alguno de los parlamentos autonómicos. Tampoco ha sido ejemplar el trato que algunas autonomías han dispensado al autogobierno municipal, y ya sabemos que tienen intención de tomar parte en el autogobierno europeo, aunque no como representantes del conjunto de España.
 
Rubalcaba y el PSOE no promueven el pleno desarrollo del Estado autonómico, ni están preocupados por perfeccionar el autogobierno de los españoles. Por el contrario, las propuestas que parecen inspirarles dificultarían y erosionarían nuestro autogobierno, los procedimientos por los que nuestra voluntad política colectiva se convierte en nuestra ley.

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