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la Iglesia ha caído en la trampa tendida por el PSOE, que lo que desea es que sus iniciativas sean percibidas como una confrontación entre él y "los católicos"

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En los últimos meses el Gobierno del PSOE ha efectuado o anunciado reformas legales que han sido denunciadas como parte de un ataque directo contra la Iglesia Católica. La Iglesia ha ido mirando los proyectos del Gobierno "caso a caso", a medida que se iban conociendo, pero, finalmente, la acumulación de evidencias parece haberla llevado a hablar claramente de la existencia de una campaña "contra el catolicismo".
 
Al hacerlo, paradójicamente, la Iglesia ha caído en la trampa tendida por el PSOE, que lo que desea es que sus iniciativas sean percibidas como una confrontación entre él y "los católicos". De este modo, la discusión pública sobre el aborto, la eutanasia, la investigación con material biológico o la adopción de niños por parejas homosexuales, se ha transformado en un debate entre Zapatero y los suyos, por una parte, y la Iglesia, por otra, lo que lleva al Gobierno a establecer que quien rechaza y denuncia sus iniciativas lo hace atendiendo al mismo tipo de conocimiento mediante el que afirma la inmaculada concepción: "si quiere usted creer en el Espíritu Santo, en la resurrección de Cristo, en la vida eterna y en que los homosexuales no deben adoptar niños, créalo usted, pero no trate de "imponer" sus creencia a los demás".
 
Sin embargo, la campaña no es contra el catolicismo, sino contra el rigor en la discusión pública sobre los derechos de las personas, una sucesión de frivolidades sobre asuntos cuya complejidad parece estar muy por encima de la capacidad o del deseo de comprenderla que exhiben quienes legislan sobre ellos. Dado que la Iglesia Católica presta atención a esa protección, la compromete "también" a ella, pero no sólo a ella, sino al conjunto de la opinión pública. De hecho, es verdad que los católicos se están caracterizando por su denuncia de las posiciones del Gobierno, pero esa denuncia no se fundamenta en su "catolicismo" sino en un discurso destinado a garantizar los derechos personales, que lejos de ser incompatible o de estar enfrentado a los principios de nuestro sistema político, es parte constitutiva de él.
 
No obstante, el PSOE y las organizaciones que lo apoyan han tenido un éxito indiscutible en este asunto, y han conseguido que las cosas sean percibidas a su modo, y que cualquiera que se ocupe de estos temas y trate de discutir sobre ellos, sea visto como un católico que está exponiendo parte de su fe. Esto indica dos cosas: que el PSOE es incapaz de entender las implicaciones morales de lo que se trae entre manos, y que no sabe lo que es la fe católica, a la que confunde con algunas de sus manifestaciones, que además no son exclusivas del catolicismo. Ignorancia que llevada al Gobierno produce un empobrecimiento evidente del debate público, y llevada al BOE efectos aun peores.
 
A lo que todos deberíamos aspirar, no sólo la Iglesia Católica, es a que el nivel y los tiempos del debate no los fijen los estrenos de Amenábar o de Almodóvar.

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