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Durante una entrevista concedida al New York Times, José Luis Rodríguez Zapatero se ha definido como un “feminista radical”, y ha puesto como ejemplo de esta militancia el hecho de que su gobierno está formado por el mismo número de varones que de mujeres, y la portavoz del Gobierno ha anunciado una propuesta de reforma de la ley electoral que obligará a la paridad en todas las listas. Esta iniciativa expresa bien lo que parece ser una creencia del socialismo español: hacer justicia es igualar. Por desgracia, esta idea ha dominado la política educativa del PSOE y, al parecer, va a dominar también su política social y familiar. Durante la sesión parlamentaria de su investidura como Presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero afirmó que su partido desea la plena igualación en derechos de las parejas homosexuales y transexuales con las heterosexuales, y el Secretario de Organización del PSOE ha anunciado que se procederá a esa reforma legal en la primera parte de la legislatura. Hace unos días las Cortes de Aragón afirmaron estar dando cumplimiento a esta promesa al aprobar una reforma que permite la adopción por parte de las parejas homosexuales, y parece que esta posibilidad constará también en la reforma que propondrá Rodríguez Zapatero. Pero esta concepción de la justicia como un simple instrumento para alinear, para homogeneizar irreflexivamente, conduce en ocasiones a confundir la titularidad de los derechos que se pretende igualar y a generalizaciones erróneas sobre las que conviene llamar la atención.
 
La adopción no debería ser contemplada como un derecho de quienes adoptan (de ningún tipo de pareja) sino como un derecho del niño a ser adoptado y tutelado. Ese derecho está destinado a reparar lo que el niño ha perdido (su familia), no a satisfacer aspiraciones de terceros, sobre todo cuando obligarían a una reparación incompleta del entorno del niño. Equivocadamente, se procede en ocasiones en esta materia por analogía con la donación de órganos, pero no es el niño quien debe revitalizar a quienes lo reciben sino éstos a aquél. La reforma que han aprobado las Cortes de Aragón no tiene que ver con la normativa sobre el cuidado de los niños que han perdido a su familia, sino con la “ley aragonesa de parejas estables no casadas”, y el anuncio del Secretario de Organización del PSOE menciona una “ley del derecho a la identidad sexual” y una reforma del Código Civil, lo que nos lleva a pensar que la perspectiva que se ha elegido ha sido exactamente la que se debería evitar: el niño se transforma en un instrumento que sirve para dar satisfacción al anhelo de otros.
 
El experimento recientemente desarrollado por la Universidad de Agricultura de Tokio, que ha permitido el nacimiento de un ratón sin padre (reproduciendo un proceso que ya es conocido por la biología), ha sido mostrado como prueba de que la procreación no necesariamente ha de producirse mediante una unión heterosexual, y de que la maternidad no necesita de paternidad que la haga posible. Es posible que el feminismo radical que el Presidente del Gobierno declara profesar, unido a la política socialista relativa a la experimentación genética, lo lleve a favorecer la consideración de la adopción por parejas homosexuales como un derecho que transitoriamente suple lo que en el futuro la ciencia hará posible, enmendando así el “error de la naturaleza” o el “error de Dios”. Pero esta sería una visión equivocada, porque el experimento mencionado obligará a reflexionar sobre la partenogénesis (así se llama a ese tipo de fecundación) pero no sobre la adopción, que sólo debe ser un medio para restablecer del modo más perfecto posible lo que el niño tenía y ya no tiene. Sería lamentable que quien debe velar por los derechos de los niños facilitara su conculcación y su subordinación, y más aún que lo hiciera en nombre de la justicia.

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