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Lo que nos gustaría hacer

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En enero de 1988, en la apertura del congreso que el PSOE celebró ese año, Felipe González pronunció una frase que define la transformación que el socialismo español experimentó desde que accedió al gobierno en 1982: "las cosas que es necesario hacer son tan socialistas como las que nos gustaría hacer". De esta forma González justificó el casi completo abandono de su programa electoral de 1982, abandono que dio lugar a huelgas generales, conflictos laborales casi incontables y cruentos, y huelgas de estudiantes que paralizaron el sistema educativo. Sorprende que a las dificultades del gobierno de Aznar para comunicar a la opinión pública española las razones de la participación en la guerra de liberación de Iraq se oponga una supuesta capacidad de González para sintonizar con la sociedad española. Si el rechazo social a esta mutación del socialismo no impidió que el PSOE revalidara su mayoría absoluta en 1986 y (virtualmente) en 1989, fue sólo por una razón: no había una oposición creíble, y cambiar de opinión y errar le salía casi gratis.
 
Afortunadamente, existe una diferencia esencial entre el PSOE de los años ochenta y el de comienzos del siglo XXI, diferencia que anima a prever que durante la actual legislatura las cosas serán diferentes: ahora sí tiene oposición. Las cosas que es necesario hacer –incluida la guerra- son las que ya estaban siendo hechas con éxito por el PP, y el reconocimiento de este hecho, por prudente y tímido que sea, se puede transformar de inmediato en un descrédito que el partido del gobierno pagará en las urnas.
 
Esta legislatura no podrá ser como la de los años ochenta, porque ni el PP ni la opinión pública española lo van a consentir, pero esto no significa que necesariamente vaya a ser mejor. La rectificación de los años ochenta fue posible porque no tenía coste electoral, pero ahora la mutación ya no sale gratis y lo previsible es que el PSOE persevere en el error o trate de disfrazarlo, porque sus socios parlamentarios le forzarán a seguir en esa dirección. Probablemente seguiremos oyendo que la vida internacional podría ser como la Albanta soñada por Aute si no fuera por gente como Bush, y que Juan Genovés se inspiró en un Consejo de Ministros de la Unión Europea anterior al gobierno de Aznar para pintar "El abrazo".
 
Sólo un gesto de nobleza y valentía nos pondría en el buen camino: hacer lo que se juzga correcto y asumir el coste electoral, como Aznar y el PP con motivo de la guerra. Por desgracia, la precipitada retirada de las tropas de Iraq no nos anima a ser optimistas. Si el PP no hubiera obtenido casi diez millones de votos y si el PSOE contara con algunos escaños más, posiblemente las tropas seguirían en Iraq, como siguieron en la OTAN. Esa decisión no sólo contradice a Aznar y a Bush, sino al conjunto de la Unión Europea, que hace unas semanas, con motivo de la última cumbre de Bruselas, realizó un análisis de la situación iraquí exactamente opuesto al que ha empleado el PSOE para justificarse, y redactó unas conclusiones que por momentos parecen una copia del último programa electoral del PP.
 
En el mismo contexto de 1988 González añadió: "no podemos caer en la tentación de inventar el futuro para que la derecha gobierne el presente". Éso, el presente, es precisamente lo que el PSOE tiene en sus manos casi inesperadamente y desde hace unos días, y es posible que dentro de poco tenga que reconocer que sobre el presente sabe más el PP. Parece que la UE ya ha empezado a hacerlo.

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