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Según este argumento, la Constitución habría sido el resultado de un pacto entre desiguales, porque la derecha, con la protección del ejército, habría hecho un sistema a su medida.

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En mayo de 1987, durante la segunda legislatura socialista, el Centro de Investigaciones Sociológicas realizó un estudio sobre la "valoración retrospectiva" del proceso de transición a la democracia y la Constitución, que incluyó esta pregunta: "¿Cómo cree usted que han ido las cosas desde la muerte de Franco: mejor, igual o peor de lo que usted esperaba?". El 69% de los encuestados que se consideraban a sí mismos de extrema izquierda o de izquierda afirmaron que había ido mejor, mientras que sólo el 49% de los votantes de centro y el 29% de los de derecha respondieron lo mismo. Por partidos (menciono los más destacados), el 61% de quienes recordaban haber votado a Izquierda Unida en 1986 creían que sus expectativas habían sido superadas, igual que el 67% de los votantes del PSOE (recuérdese, además, que en 1986 entre el 60% y el 70% de las personas que declaraban ser "de extrema izquierda" votaban al PSOE), el 60% de los de CiU y el 56% de los del PNV. Por el contrario, sólo el 43% de los votantes del CDS y el 23% de los de AP afirmó lo mismo. Los datos de otras preguntas son coherentes con estos y permiten decir que la izquierda y los partidos nacionalistas obtuvieron un resultado más próximo a sus expectativas que el centro y la derecha, y así lo dejaron dicho. Es evidente, en cualquier caso, que han sido aquellos quienes más tiempo y con mayor libertad han gobernado desde 1978.
 
Al parecer, esta va a ser la legislatura de la "revisión" de la Constitución de 1978. Es bueno que la ciudadanía sienta que está en su mano ordenar su vida política como juzgue mejor y que advierta que es posible reformar lo existente. Así se hizo en 1992, aunque se trató de una reforma de importancia menor. Lo que no es aceptable, –porque arruinaría cualquier intento de perfeccionar el sistema–, es que se intente vender las reformas como la "rectificación" de una injusticia histórica de la que fueron víctimas la izquierda y los nacionalistas. Según este argumento, la Constitución habría sido el resultado de un pacto entre desiguales, porque la derecha, con la protección del ejército, habría hecho un sistema a su medida. Este sesgo derechista habría hecho posible las victorias electorales del PP (nada se dice de los años anteriores), y ahora sería el momento de poner las cosas en su sitio y de rectificar el falso consenso constituyente, para que no vuelva a pasar lo mismo que en 1996 y 2000. ¿De qué otro modo explicar que Aznar ganara por mayoría absoluta en un país que se declara de centro-izquierda?
 
El argumento es evidentemente falso, pero su aceptación y arraigo creciente entre los dirigentes políticos de la izquierda, –en los nacionalistas no constituye novedad–, comienza a ser más que preocupante.
 
¿Qué ha cambiado desde 1987?. Nada, salvo el hecho de que el PP ha ganado dos elecciones generales y se encuentra en condiciones de volver a ganarlas. La insatisfacción de los "revisionistas" no proviene de una deficiencia del sistema ni de un deterioro de sus instituciones, sino de su dificultad para asimilar que la alternancia es parte de él, y que, probablemente, pronto volverá a producirse. Es la fortaleza del sistema (el sistema es para la alternancia) lo que mueve a los revisionistas a cambiarlo, no su debilidad, y esta misma razón es la que, por momentos, parece alimentar el ánimo reformista del PSOE, que, como se sabe, considera legítimo "arrastrar" a quienes se atreven a solicitar información sobre el lugar al que se propone ir.

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