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Miguel del Pino

Carta climática de un presunto fanático al presidente del Gobierno

Su descalificación constituye una muestra de intolerancia incompatible con su cargo y con su función de anfitrión.

Miguel del Pino
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Sr. Presidente: Si me permite presentarme lo haré como biólogo especialista en ecología, catedrático de Instituto jubilado y divulgador científico especializado en Radio y Televisíón con cincuenta años de experiencia, por todo ello me permito dedicarle mi colaboración semanal en Libertad Digital con tanto disgusto como respeto.

Como bien sabe, la Cumbre del Clima que se está celebrando en Madrid es más simbólica que ejecutiva, ya que no asisten los países más contaminadores como China, Estados Unidos o India, de manera que los acuerdos que se puedan tomar si es que llegan a tomarse, tendrán más de declaración de intenciones que de verdaderas propuestas de soluciones para el futuro.

Pero en razón de mis trabajos profesionales, vengo tomando el pulso de todas las Cumbres anteriores desde la primera de ellas celebrada en Río de Janeiro en 1992 a la que tuve el honor de asistir, y compruebo que la actual comienza de modo insólito con la descalificación de la disidencia por parte nada menos que del anfitrión: "Sólo queda un pelotón de fanáticos entre los negacionistas".

Soy pues un presunto fanático, puesto que pertenezco a uno de los muchos subgrupos de estudiosos del tema que muestran no una, sino diferentes formas de discrepancia en relación con lo que Al Gore denominó "verdad histórica", y que deduzco de su declaración inicial como anfitrión de la Cumbre que además de insólita tiene ahora que ser "obligatoria".

Sr. Presidente: Por mucho que se quiera presentar la teoría del Cambio Climático de origen antropogénico como una verdad de la que sólo puede discrepar "un puñado de fanáticos", nunca ha contado con el supuesto "consenso científico" con el que pretende avalarse. Desde sus orígenes, tal teoría ha sido fuertemente contestada por importantes colectivos de investigadores que siguen creyendo en el método científico y no en la adoración a los modelos informáticos, por complejos que sean los sistemas de los ordenadores que los ofrecen.

En los dos últimos años comienzan a organizarse importantes colectivos científicos discrepantes cuyos miembros se cuentan por decenas de miles; pero aunque la contestación a la verdad oficial fuera menor, siempre sería respetable ya que los avances científicos, bien para corregir errores o para aportar mejoras que perfeccionen los modelos preestablecidos, son especialmente importantes los disidentes, mentes inquietas que a pesar de su heterodoxia tienen derecho a ser escuchadas.

Sr. Presidente: Los científicos que forman parte de los colectivos discrepantes suelen tener grandes dificultades para publicar datos o tratar de corregir los que se consideran oficiales; la apisonadora mundial de las subvenciones otorgadas por multinacionales de tecnologías supuestamente limpias y "salvadoras del planeta" tampoco tiene piedad de la heterodoxia.

Por todo ello es necesario recordar en qué consiste el Método Científico: las hipótesis se someten a experimentación y si resultan demostradas pasan a ser verdades científicas; hasta entonces sólo son especulaciones.

Especulaciones son pues las teorías que se tratan de imponer por parte de los abanderados del "origen antropogénico" de las anomalías climáticas que las actuales mediciones vienen registrando, a pesar del creciente perfeccionamiento de los ordenadores que las proporcionan.

Sr. Presidente: ¿Debemos entonces resignarnos a no hacer nada y no tomar medidas para la disminución de emisiones, especialmente de las que puedan producir efecto invernadero? Rotundamente, no. Hay que limpiar el aire, sobre todo el de las ciudades para paliar las patologías derivadas de la contaminación, frenar la contaminación de las aguas con la que se juega la vida de millones de seres humanos, y mejorar la eficiencia de la producción de alimentos: para ser limpios y eficaces no necesitamos creer en el mantra del "cambio climático".

Sr. Presidente: Califica usted de fanáticos a los científicos discrepantes, y me voy a permitir recordarle los nombres de algunos discrepantes históricos: Galileo Galilei, Nicolás Copérnico, y no quiero que falte la cita de un español y además aragonés, Miguel Servet. Creo que sobran los comentarios.

Sr Presidente: Si es cierto que la Tierra "tiene fiebre", el antipirético que necesita es la investigación: recuerde aquello de: I+D+I sin la que no sería posible lo que llaman los políticos de su gobierno "transición ecológica".

Sr. Presidente: Acudamos al diccionario para tratar de arrojar luz sobre su calificación de fanáticos, lo del puñado todo el mundo lo entiende aunque se refiera a un "puñado" de casi cien mil científicos. Fanático es quien defiende con tenacidad desmedida y apasionamiento creencias u opiniones, sobre todo religiosas o políticas, así que la RAE no parece incluir a los hombres de ciencia, especialmente autorizados para creer sólo en los resultados de las investigaciones demostradas, pero en cambio nos aproxima al corazón del concepto que usted define.

Porque los defensores a ultranza de las teorías oficiales sobre el Cambio Climático se aproximan a la adoración de una nueva forma de religión politeísta cuyos dioses, por cierto no nuevos, son Ra y Gea, como en la Antigüedad remota.

En cuanto a la fanatización por motivos políticos no hace falta ni entrar en este terreno, que es evidente, basta escuchar declaraciones como las del Señor López Uralde (¿ministrable?), descalificando a Madrid como Sede de la Cumbre o el insulto con el que el actor Javier Bardem se refirió al alcalde de la capital en "agradecimiento" a su exquisita hospitalidad con las Delegaciones asistentes.

En definitiva, Señor Presidente, es necesario calificar de enormemente desafortunada su intervención inicial en la Cumbre que venimos lamentando, que constituye una muestra de intolerancia incompatible con su cargo y con su función de anfitrión, tan vacua de argumentos como radical en su forma.

Sr. Presidente: He dejado para el final una consideración sobre la adolescente Greta Thumberg. Confieso que sus declaraciones en anteriores reuniones celebradas en otros países me habían producido gran desagrado por la violencia y la agresividad que mostraban. En este caso mi impresión ha sido lástima ante una niña cansada por no decir agotada como reflejo de la manipulación a todas luces evidente por parte de adultos interesados.

Aunque jubilado, sigo siendo profesor ya que la enseñanza imprime carácter. En este sentido recuerdo la alegría con la que recibimos en su momento la declaración de obligatoria para la enseñanza de los niños y adolescentes españoles. No creo necesario evocar que fue precisamente su partido quien lo logró, de manera que le creo indicado para influir ante las autoridades suecas para que esa niña vuelva al colegio cuanto antes. Hacer una huelga, salir de la escuela y no volver a ella debería afectar a la conciencia de los adultos que lo toleren.

Por cierto , alguien debería, a provechando la estancia en Madrid de Greta mostrarle las maravillas del Museo del Prado, y ya que está al lado, también del Real Jardín Botánico , que evoca los tiempos en que el Monarca Ilustrado Carlos III convirtió Madrid en la capital mundial de la Historia Natural, que es como entonces se llamaba a la ecología.

Sin duda agradará a la niña y a su comitiva saber que el Padre de las Ciencia Naturales, su compatriota Karl von Linneo, visitó este jardín y trabajó en él en colaboración con los eminentes naturalistas españoles de la época.

Dicho sea todo lo anterior expuesto con el máximo respeto.

Miguel del Pino Luengo es biólogo y catedrático de Ciencias Naturales.

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