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Miguel del Pino

La ministra Celaá y el despotismo insensible

Los “pucheros” y disculpitas a través de la redes sociales no son suficientes. Si la Sra. Ministra quiere disculparse hágalo en el Parlamento.

Miguel del Pino
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Los “pucheros” y disculpitas a través de la redes sociales no son suficientes. Si la Sra. Ministra quiere disculparse hágalo en el Parlamento.
La ministra de Educación, Isabel Celaá durante la sesión de control al Gobierno este miércoles en el Congreso. | EFE

Después de ver y escuchar la respuesta de la Ministra Isabel Celaá a las alegaciones del diputado Sr. Matarí en relación con su petición de mantenimiento de los Centros de Enseñanza Especial, no cabe el optimismo ante la posibilidad de que escuche cualquier alegación a dicha réplica: vamos por el momento a dirigirnos al Presidente del Gobierno, Sr. Sánchez.

Crispación e incapacidad de dialogar

Acostumbra, Sr. Presidente, a rebatir numerosos argumentos procedentes de los escaños de sus rivales con la acusación de “provocar crispación” y de “no dialogar”; pues bien, en la airada respuesta de la Ministra Celaá al diputado y padre de la joven con Síndrome de Down se suman la crispación y la intolerancia, lo que para salvaguardar la coherencia de sus mensajes presidenciales haría necesaria la inmediata destitución de la Ministra. Como profesor así se lo reclamo.

¿De dónde viene usted? preguntaba airada la Ministra con un tono que solo puede despertar tanto asombro como reproche. Yo, como profesor quiero responder para que sepa de dónde vienen el Sr. Matarí y tantos otros padres y, por supuesto, madres que tienen que afrontar la educación de hijos con problemas especiales de aprendizaje.

Estos esforzados progenitores vienen de una durísima batalla en la que, afortunadamente no siempre se encuentran frente a la insensibilidad y el despotismo como los que la Señora Ministra desplegó ante los asombrados diputados. En esta batalla suelen contar con la ayuda incondicional de los profesores y demás miembros de la comunidad escolar que usted, debería presidir de manera solidaria.

Son muy numerosos los ejemplos que, como profesor, podría citarle en este sentido, como la visita que en cierta ocasión me hizo un padre cuyo hijo estudiaba en nuestro centro y que venía desarrollando una miopía magna como consecuencia de un síndrome no diagnosticado con exactitud; me pedía que, al ser profesor de Biología, le informara sobre la posibilidad de donar sus ojos al muchacho porque él, decía, ya había visto bastante. No pude resolver su problema, pero desde luego traté de consolarle y desarrollé con él una buena y duradera amistad.

La Educación especial

No se trata aquí de entrar en un complejo estudio sobre el tratamiento de los planes de enseñanza de los niños y adolescentes con necesidades especiales sino de censurar la despótica respuesta de la todavía Ministra a un padre asombrado. La integración del escolar con problemas en un centro de enseñanza general, o su separación en otro para necesidades específicas, es un tema que requiere estudio casi particular para cada caso y sobre todo sensibilidad y profesionalidad en quienes evalúen sus condicionantes.

En el caso del Síndrome de Down, causado como se sabe desde hace décadas por una trisomía del par 21, o lo que es igual, por la existencia de un cromosoma supernumerario en el mismo, la enseñanza específica basada en la estimulación continuada y paciente de las capacidades de la criatura ha proporcionado resultados sorprendentes y altamente positivos.

Relegados a la condición de “subnormales” como antes se decía, apenas se conseguían progresos en la evolución de sus aptitudes y habilidades, pero el descubrimiento de la necesidad de estimular de manera especial su proceso de aprendizaje ha sacado del pozo a la mayor parte de los implicados en el síndrome.

Cualquier persona con un mínimo de sensibilidad habría captado en el alegato del Sr. Matarí un legítimo tono de orgullo por lo conseguido con su hija; su experiencia no puede caer en saco roto y su actitud bien merece el respeto al que la Sra. Celaá faltó, sin duda afectada por su orgullo despótico.

Dejando a un lado el fondo de la cuestión, en cuanto a las formas y tono empleados por Isabel Celaá los ciudadanos nos negamos a ser gobernados desde el “despotismo insensible”, un nuevo concepto que bien merece sustituir al de “despotismo iletrado”, que hace años hubo que acuñar cuando muchos políticos comenzaron a patear el lenguaje y la Historia, como ejemplo las recientes declaraciones del Alcalde de Palma de Mallorca en relación con la retirada de placas de ilustres almirantes españoles: ellos , los políticos se entiende, “no pueden saber de todo”. ¡Dichosos planes de enseñanza!

Los “pucheros” y disculpitas a través de la redes sociales no son suficientes. Si la Sra. Ministra quiere disculparse hágalo según el principio jurídico que la obliga a emplear para ello el mismo medio en que efectuó su tremenda respuesta: en el Parlamento, y así podrán acompañarla en su rectificación sus correligionarios que le rieron la gracia.

Un abrazo y mucho ánimo al Sr. Matarí y a su encantadora hija, y enhorabuena a toda la familia por sus esfuerzos.

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