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Miguel del Pino

El Zoo de Barcelona, al borde de ser exterminado por el ayuntamiento de Colau

El futuro del recinto peligra tras prohibir la reproducción de cualquier especie que no esté en peligro de extinción y no pueda ser reintroducida.

Miguel del Pino
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Entrada del Zoo de Barcelona. | Wikipedia

Acentuando ahora bien, pero todavía con más ímpetu si cabe, afirmamos que es un escándalo de resonancia mundial, que la Municipalidad de Barcelona tome la decisión de "prohibir en el recinto del zoológico la reproducción de cualquier especie que no esté en peligro de extinción y no pueda ser reintroducida en la naturaleza"

Creíamos que la razón, mejor dicho las múltiples razones, conservacionistas, didácticas y culturales que han dejado claro en las últimas décadas cuál debe ser el papel de los zoológicos modernos, habían conseguido desterrar las viejas polémicas falsamente ecologistas que se desarrollaron tímidamente en los pasados años ochenta.

Pero los intentos de acabar con estas instituciones se renuevan, si bien de forma esporádica y concreta a la sombra del animalismo extremista de PACMA, como ocurre ahora en Barcelona; merece la pena reflexionar sobre un tema tan delicado que pone en juego no sólo la supervivencia de muchas especies, sino también el prestigio cultural y científico de España.

Comencemos por la cuestión puramente política. PACMA ha logrado en las últimas elecciones 326.045 votos, lo que supone un aumento del 14% respecto a sus resultados de los anteriores comicios; muy respetable, como cualquier resultado democrático, pero un dato que precisa de un análisis más detallado.

En Cataluña la porción correspondiente de este global en referencia a dicha Comunidad es de unos 63.713 votos, lo que corresponde a un porcentaje del 1,54% de los ciudadanos. En la totalidad de España los votantes de PACMA suponen un 1,25%.

En su conjunto 326.045 votos suponen una referencia importante, aunque por los complejos mecanismos de las leyes electorales los supuestos "amantes de los animales" no hayan conseguido apoyo en el Parlamento. Tantas personas apoyando la defensa animal constituirían una fuerza muy estimable si dedicaran su trabajo y su ejemplo a luchar contra problemas tan serios como el abandono de mascotas, el maltrato a los animales, el envenenamiento de los campos y tantas otras infracciones, pero desgraciadamente no sucede así.

La razón es que una parte significativa de estas personas, en origen muchas de ellas sensibles y de buenas intenciones, se encuentra contaminada por una corriente extremista radical que amparada en la bandera del animalismo no eleva de categoría a los animales, sino que rebaja la de nuestra propia especie. ¿No nos decían hace pocos años que nuestro genoma nos igualaba prácticamente al de la mosca del vinagre?

Animalismo frente a humanismo es el absurdo lema que hace que nos tengamos que avergonzar quienes de verdad hemos dedicado nuestros esfuerzos profesionales y buena parte de nuestro tiempo libre y hasta nuestros propios recursos a luchar contra la barbarie reflejada en el maltrato a los animales.

Volvamos al Zoológico de Barcelona: en el siglo XX fue considerado como el mejor de Europa, codo a codo con el de Lisboa, ambos eran un referente mundial y un ejemplo de trabajo de conservación de especies y de desarrollo de programas de educación ambiental.

Como conservador del Zoo de la Casa de Campo de Madrid en los primeros años de su vida, que se inició en 1972 tuve ocasión de conocer bien el Zoológico de Barcelona y puedo dar testimonio de su prestigio mundial, basado en buena parte en el de sus insignes científicos, como el profesor Antoni Jonch Cuspinera, su director, con tanto cariño recordado, o el ilustre primatólogo Jordi Sabater Pi, descubridor, rescatador en Guinea (entonces española) y posterior investigador sobre el famoso "Copito de Nieve".

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La transformación que Ada Colau y sus seguidores municipales proponen para el señero recinto zoológico del Parque de la Ciudadela supone prácticamente su muerte: sólo se permitiría la reproducción de aquellos animales, en peligro, y que puedan ser liberados después en la naturaleza. Los cerca de 2.000 residentes en la actualidad serán "trasladados a santuarios". ¿Qué es un "santuario"?

A ver si se va a tratar de recintos subvencionados sin freno para que cuatro iluminados vivan a costa de los animales. ¿Qué mejor santuario que un zoológico tan prestigioso hasta hace pocos años y dotado de equipos humanos e instalaciones verdaderamente óptimos?

Según esta ordenanza municipal quedará prohibida hasta la crianza de aquellas especies que tiene la consideración de amenazadas si no es para su utópica reintroducción en su hábitat. ¿Me permiten un ejemplo para poner en evidencia semejante absurdo?

Vamos pues con el león del Atlas (Panthera leo berberisca) una impresionante subespecie dotada de gran alzada, aspecto enjuto y mirada especialmente feroz, pero caracterizada sobre todo por su gran melena negra, mucho más desarrollada en los machos que en los de otras subespecies del gran felino.

Este león del Atlas suponía en los pasados siglos un peligro real para los habitantes de las cabilas del Norte de África, de manera que sus habitantes agradecían mucho a los cazadores de la Legión Extranjera francesa que les libraran mediante la caza de algunos ejemplares especialmente amenazadores, pero tal fue el celo de los tiradores que prácticamente acabaron con la subespecie. La novela "El cazador de leones" de Julio Gerad describe con todo detalle aquellas aventuras que siempre entrañaban tremendos riesgos.

A mediados del pasado siglo apenas quedaban unas docenas de ejemplares del legendario felino repartidos por diversas "casas de fieras", pero afortunadamente la Casa Real marroquí se implicó en la tarea de salvación de la subespecie y consiguió reunir un grupo reproductor en el Zoo de Rabat, de aquí a Washington que se encargó de coordinar el proyecto, en el que por cierto participó el Zoo de Madrid.

Hoy el gran león de melena negra está salvado gracias al contingente conservado en los zoológicos implicados en el proyecto iniciado por el Rey de Marruecos el pasado siglo. Siguiendo la teoría que amenaza con acabar con el Zoo de Barcelona ¿se le ocurriría a alguien volver a liberar a los leones junto a las cabilas del Atlas? O mejor ¿prohibimos su reproducción ya que no es posible tal reintroducción en la naturaleza?

Ruego al lector que me exima de elaborar una lista más prolija respecto a las incongruencias que se derivan de esta legislación "animalista" nacida de la absoluta ignorancia. Anuncio mi intención de insistir en nuevos artículos, ya que la pérdida del Zoo de Barcelona afecta tanto a mi condición de biólogo como a la de profesor. ¿Habrá que privar a niños y adolescentes del contacto real con la visión de unos animales que sólo conocerán por los documentales, por cierto muchas veces excesiva e innecesariamente violentos?

Podemos terminar, por hoy, con una consideración política: no se puede considerar democrático que una minoría, en este caso del 1,54% de los ciudadanos trate de imponer posiciones extremas al resto. Las minorías serán siempre respetables, pero no hasta el extremo de ser ellas quienes no respeten los planteamientos mayoritarios, que en este caso, como casi siempre, coinciden con el sentido común.

Y todo nuestro apoyo a una especie en peligro especial en dicho zoológico, la propia nuestra, de manera que mandamos un animoso abrazo al centenar de trabajadores de la institución que, como no podía ser de otra forma, han iniciado, sin duda indignados y asombrados, una justísima huelga.

Miguel del Pino Luengo es biólogo y catedrático de Ciencias Naturales.

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