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Miguel del Pino

La demagogia pone en peligro a Greta Thunberg

Temo por la seguridad de esa joven que no quiere viajar en avión y puede evitarlo de la forma más lógica: quedándose en casa y volviendo a la escuela.

Miguel del Pino
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Temo por la seguridad de esa joven que no quiere viajar en avión y puede evitarlo de la forma más lógica: quedándose en casa y volviendo a la escuela.
La activista Greta Thunberg posa junto a la familia australiana | @GretaThunberg

Según parece Greta Thunberg navega ya por el proceloso Atlántico camino de las costas gallegas en el catamarán "solar" de sus millonarios "filántropos" cuya "generosidad" viene complementada por la de nuestro "Ministerio para la Transición Ecológica". Lamentablemente he tenido que llenar este párrafo de comillas.

Porque ni el catamarán puede ser solamente solar si de verdad quiere llevar a buen puerto esta travesía, ni sus amigos son verdaderos filántropos, ni nuestra transición ecológica es hacia el progreso sino como mucho hacia la incertidumbre, que en este caso resulta muy preocupante.

Los catamaranes solares de tipo similaral prestado a Greta llevan un par de tremendos motores diésel, como diría un castizo: "por si las moscas", que "ayudarían", más comillas, al sol si las cosas se pusieran feas - que se pondrán sin duda alguna - dadas las previsiones meteorológicas. Por cierto, meteorológicas, no "metereológicas" como tantas veces escuchamos en los últimos tiempos.

Afirmo que se pondrán feas por varias circunstancias: por la estación invernal en que se produce la travesía con la meteorología adversa, incluyendo entre sus factores a los vientos alisios, que ahora juegan en contra de la navegación a vela en sentido América-Europa.

Al llegar a Galicia, el catamarán podría tener que superar olas de más de diez metros, lo que no afrontaría ningún patrón con un mínimo de sentido común, y menos llevando a bordo a una adolescente y según parece también a un niño, casi en fase de bebé. ¿De verdad no nos hemos vuelto locos?

¿Pararemos en las Azores? Así suele hacerse siempre que se trata de cruzar el Atlántico en embarcaciones poco convencionales, entre otras cosas para reparar las averías que en este tipo de viajes suelen producirse. Greta no querrá detenerse ya que perder tiempo supondría un riesgo muy grande de fracasar en su intento de llegar a la Cumbre del Clima acogido por España y a la que ha sido invitada. La prisa es otro de los grandes factores de riesgo de su aventura, y Phileas Fogg era un viajero flemático y perezoso al lado de la activista adolescente.

Hay tanta irresponsabilidad como riesgo

Suponiendo que la aventura marinera terminara bien, lo que deseo profundamente aunque me horroriza pensar en sus riesgos, ¿cómo nos desplazaremos a lo largo de la geografía española para completar el periplo por vía terrestre? Responder esta pregunta se presta a las bromas, y hace pensar en carretas de bueyes, burros zamoranos o cualquier otra ayuda de ungulados semovientes, pero quiero hablar muy en serio porque temo que se encuentre en peligro hasta la seguridad de esa muchacha que no quiere en modo alguno viajar en avión y no utiliza para evitarlo el más lógico de los remedios: quedarse en su casa e ir a la escuela de la que no debería haber salido.

Siento ya vergüenza ajena pensando que algún científico español pueda sentarse y ponerse serio para recibir las lecciones de esta criatura engañada y utilizada por adultos demagogos y desaprensivos, yo ya estoy jubilado de mi Cátedra de Instituto, pero insto a cualquier colega en activo a que, si llega Greta, que Dios quiera que llegue, le imparta unas elementales nociones de ecología propia de los programas de estudios adecuados para su edad: por ejemplo: el ciclo del carbono.

La utilización que está sufriendo Greta Thunberg ha sido ya detectada por todo el que quiere verlo sin motivos interesados; su discurso ante las "autoridades", y pongo más comillas porque perdieron tal autoridad al sentarse a escucharla, se volvió radicalmente en contra de los "santones" del cambio climático. Diríamos, volviendo al casticismo, que la niña "se pasó de rosca".

Si de verdad tomáramos en serio sus palabras, alteradas por su falta de control emocional, ya diagnosticado, tendríamos que acusar a la niña sueca de falta de agradecimiento al acusar de "amargar su infancia" a quienes han conseguido que la misma sea muy diferente, por superior, a la de tantos otros adolescentes del mundo que, esos sí, viven en la miseria y con sus vidas en permanente riesgo. Pero todo esto ha sido ya suficientemente comentado.

Para no caer en reiteración, la novedad que pretendemos aportar es el riesgo en que se pone en estos momentos la propia seguridad física de la adolescente, implicada en un viaje peligroso y problemático en cuya responsabilidad no quisiera sentirme implicado, aunque gracias a nuestras autoridades en funciones que la han invitado, lo estoy al menos parcialmente mediante mi colaboración al disparate a través el pago de mis impuestos.

Por cierto, si yo, un profesor jubilado quisiera a mi vez desplazarme a Alaska para ver a los osos Kodiak pescar salmones cuando saltan en los rápidos de aquellos gélidos ríos, ¿podría pedir también una subvención para hacerlo? ¿De dónde salen los fondos para financiar los viajes de Greta de manera prácticamente instantánea?

Que todo termine bien y que Greta vuelva pronto al Colegio; a los científicos que tengan "el cuajo" –otro casticismo- de sentarse a escuchar sus lecciones, espero que al menos se les caiga la cara de vergüenza.

Miguel del Pino Luengo es biólogo y catedrático de Ciencias Naturales.

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