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Miguel del Pino

Ladrones y gamberros, además de animalistas

En las últimas seis semanas ha habido cinco los asaltos animalistas contabilizados en la provincia de Barcelona.

Miguel del Pino
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En las últimas seis semanas ha habido cinco los asaltos animalistas contabilizados en la provincia de Barcelona.
Pollo de corral. | Pixabay

De la mano del animalismo radical y el veganismo llegan los "cuatreros de granja": se trata de grupos radicales que están obteniendo rentabilidad mediática atacando pequeñas y medianas granjas en Cataluña para "liberar" a los animales que allí se crían. Lo que faltaba al medio rural para llegar al hartazgo absoluto.

En Francia, un juez acaba de "absolver" a un gallo llamado Maurice, acusado por algunos turistas rurales de escandalizar con sus cantos que se producen demasiado pronto y los despiertan, absurdo pero real: el medio rural se está cansando de la incomprensión "urbanita" y se muestra muy agradecido a su señoría, que ha entendido la prioridad en el orden de las cosas en la relación ciudad-campo.

Mientras tanto en esa España rural, agrícola y ganadera y sin otros recursos para evitar su vaciado de habitantes, concretamente en Cataluña y en esta ocasión en Vilató de Tarrets, en Gurb, una granja ha sufrido un asalto en toda regla que ha terminado con el robo de 14 conejas madres, dicho con todas las letras puesto que hubo violencia en la explotación. Una joven extranjera ha alardeado de ello y de los cien activistas que decía ante las cámaras, en inglés, formaban parte del grupo de asaltantes.

En las últimas seis semanas son cinco los asaltos animalistas contabilizados en la provincia de Barcelona: uno en Sant Antoni de Vilamajor, otro en Santa Eugenia de Berga, otro en Cardedeu y dos más en Gurb. En los cinco han participado jóvenes extranjeros que fijan su centro de acción en Barcelona capital para desarrollar una especie de "turismo animalista" liberador de animales de granja. Después vuelven a sus países de origen, que son más de veinte, pero evidentemente no deberían volver sin dar cuenta de sus delitos.

En el mundo rural siempre ha sido maldecida la figura del cuatrero, y cuatreros, o mejor "cuatrerillos" son estos híbridos entre ladrón y gamberro que no pueden seguir actuando en la impunidad basándola en la buena voluntad de los apesadumbrados payeses, que en algunos casos aguantan sin ni siquiera denunciar el atropello que están sufriendo.

Me permitirán que repita un razonamiento en el que me basaba la pasada semana al hablar de las "gallinas violadas": estas cosas no se deben tomar a broma, ya que tras ellas existen organizaciones de carácter internacional que ya han dado muestras de su peligrosidad en algunos momentos de su andadura.

Es momento de recordar el peligro en que se encontraron durante más de una década los pequeños animales silvestres de la Sierra de Guadarrama madrileña cuando un grupo de activistas que por entonces (años setenta) se hacía llamar "Frente de liberación animal", dio suelta a los visones americanos que se alojaban en una granja de la localidad de El Espinar. Los daños en la biodiversidad del ecosistema todavía no se han determinado con exactitud, pero desde luego fueron muy grandes.

Los "ideólogos" del movimiento que está causando daños a los granjeros de Cataluña están perfectamente identificados y por tanto podrían, y deberían, ser detenidos inmediatamente; no vamos a hacerles el favor de divulgar sus siglas ni vamos a reír desde aquí las gracias de su líder, un muchacho de diecisiete años que je jacta ante los medios de haber "actuado" en numerosos países: lo importante es que se detengan estos desmanes antes de que sea demasiado tarde.

Aunque se trate de gamberradas, los daños que causan a los pequeños y medianos ganaderos son importantes: en la última granja atacada hubo que sacrificar unas noventa crías a las que los asaltantes, veganos y animalistas, dejaron sin sus madres a las que en estos momentos ocultan supuestamente protegidas. Las cosas están llegando demasiado lejos.

Si fueran capaces de escuchar le diríamos a estos adolescentes tan mal aconsejados y guiados, que el sacrificio de los animales de consumo es algo realmente triste y que desagrada a cualquier persona sensible; por esta razón se viene luchando para conseguir que vivan en las mejores condiciones posibles y que su transporte y sacrificio se realicen de la manera más rápida e indolora. ¿Creen que son ellos los únicos que lamentan que haya que matarlos para el consumo? No es así.

"Rescatar y liberar" son los objetivos de estos adolescentes, cuyos desmanes deberían abonar de manera subsidiaria sus señores progenitores o tutores. De momento es Cataluña la base de sus asaltos y robos de ganado, que debería ser el cargo al que se enfrentaran ante la Ley. Visitar España para hacer este tipo de supuesto turismo es algo que no se puede tolerar y afortunadamente disponemos en nuestro Estado de Derecho de mecanismos policiales y judiciales para impedirlo: hay que tomarlo muy en serio.

Nuestra solidaridad para todos los habitantes del medio rural, en este caso de Cataluña y por extensión de toda España. Todavía quedamos en la ciudad muchas personas que valoramos su trabajo y su esfuerzo.

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