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Miguel del Pino

Lo que no sabemos todavía del coronavirus

Los científicos luchan en dos líneas de investigación: el perfeccionamiento de las vacunas y el descubrimiento de nuevos antivirales.

Miguel del Pino
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Los científicos luchan en dos líneas de investigación: el perfeccionamiento de las vacunas y el descubrimiento de nuevos antivirales.
Las incógnitas que persisten en torno al coronavirus de Wuhan | EFE

Este virus Sars Cv-2 que produce en el hombre la enfermedad Covid-19 es un parásito nuevo para nuestra especie, y lo primero que aconseja la prudencia es reconocer que todavía sabemos muy poco sobre su forma de actuar y sobre sus posibilidades de sobrevivir fuera de un organismo humano.

Ante cualquier tipo de epidemia es fundamental el principio de prudencia, pero con un nuevo enemigo que acaba de saltar la barrera específica para parasitar al hombre, no hacerlo así es un verdadero desatino.

Podemos comparar al Sars-Cov 2 con otros virus de la misma o de próximas familias que se han presentado como epidémicos en las últimas décadas, pero de todas formas la especificidad que suele caracterizar a estos seres situados por su sencillez de organización en los límites inferiores de la vida requiere un estudio y un tratamiento diferente para cada nueva oleada de ataques.

Posiblemente hay millones de virus desconocidos que se mueven por la vida utilizando como vectores a muy diferentes especies animales, no sólo de la clase de los mamíferos, así que cuando superemos a este contagioso enemigo aparecerán otros, de manera que es obligación de los científicos luchar continuamente sin descanso, fundamentalmente en dos líneas de investigación: el perfeccionamiento de las vacunas y el descubrimiento de nuevos antivirales. Los antibióticos no sirven en el caso de los virus.

Las vacunas han mostrado en muchos casos su eficacia contra los virus, por ejemplo en su contribución a erradicar la viruela, una lacra que se ha cobrado millones de vidas humanas y que se considera hoy oficialmente extinguida a causa de la extensión de la práctica de la vacunación a nivel planetario.

La gripe, en sus diferentes cepas y formas se sigue resistiendo al ser numerosas y variables dichas cepas patógenas, por lo que cada temporada hay que lanzar vacunas nuevas que tratan de adelantarse previniendo lo que ocurrirá. No siempre se acierta.

De este nuevo virus que nos ha atacado por sorpresa hay todavía muchas cosas que no sabemos y que son importantes para resguardarnos de la pandemia que está produciendo. Por ejemplo:

  • ¿Cuánto puede sobrevivir fuera del organismo humano? es decir, contaminando objetos y materiales diversos.
  • ¿Por qué muestra tan poca letalidad en niños y jóvenes?
  • ¿Por qué es tan extraordinariamente contagioso?

No son estas las únicas preguntas que podemos formularnos en este momento inicial de la lucha, pero las respuestas, cuando las sepamos, ofrecerán interesantes posibilidades de defendernos.

En cuanto a la primera pregunta: ¿cuánto sobrevive el virus fuera de nuestro organismo? Parece que ya se apuntan datos fidedignos: su resistencia depende mucho del material en que se encuentre, y el tiempo de supervivencia en los objetos cuyo contacto nos es más familiar, como los plásticos o los metales, no sobrepasa las ocho o diez horas. Dicho sea con todas las reservas propias del caso.

Si tenemos en cuenta que algunos virus bien conocidos, como el virus de Carré, que no afecta al hombre sino sobre todo a los mamíferos carnívoros y que en el perro se llama vulgarmente "moquillo", puede sobrevivir meses en el entorno en que ha habido un animal enfermo, nos felicitamos de que Sars-Cov 19 tenga una existencia extracelular efímera. Este dato, si se confirma, es muy esperanzador.

Precisamente por eso es muy importante el aislamiento de las personas que forman grupos numerosos: si el virus no encuentra en unas horas un nuevo ser humano a quien transmitirse, no se mantendrá muchas horas vivo, por ejemplo en las barras de los transportes o en objetos salpicados de gotas de secreciones que lo contengan.

La consecuencia elemental es que quien acepte aislarse de verdad en su casa, estará haciendo un servicio impagable a la sociedad. Hay que evitar que el virus pase de una persona a otra, porque de manera indirecta parece tener pocas posibilidades de aguantar hasta que se produzca el contagio indirecto.

Las buenas noticias que llegan de China en el sentido de que los contagios disminuyen drásticamente como consecuencia del confinamiento de la población parecían indicar la brevedad de la supervivencia del Sars-Cov 19 fuera de la célula viva. Esperemos confirmaciones clínicas en este sentido.

El resto de las preguntas que tanto nos inquietan en estos momentos en que la curva de transmisión en España está todavía en fase creciente no son sencillas de responder.

No sabemos cómo reaccionará nuestro sistema inmunitario, que tiene que superar la fase inicial de desconcierto para nuestros linfocitos sin poder identificar al agresor, con el que no hemos tenido contactos previos. Nos consuela estar comprobando que es alto el porcentaje de casos en que el sistema inmunitario fuerte de una persona sana termina por imponerse en la lucha.

Pero no sabemos si los recuperados quedarán inmunizados definitivamente o necesitarán volver a entablar la lucha año tras año como sucede con la gripe, aunque dentro de unos meses las vacunas nos darán la victoria.

Epidemia tras epidemia vamos aprendiendo que los virus con ARN, como Sars, se muestran más capaces de diversificarse en mutantes que los que tienen ADN. Posiblemente la causa sea que estos últimos cuentan con mecanismos de corrección de errores genéticos cuando se reproducen, lo que no ocurre en los primeros.

Cuando un virus con ARN se equivoca al replicarse y forma un mutante no tiene mecanismos biológicos para corregir el error, y alguno de los descendientes mutantes resulta viable. Se originan así formas nuevas de virus, algunas de las cuales pueden ser peligrosas.

Es mucho lo que todavía no sabemos sobre el Sars-Covi-2, pero hemos superado pruebas todavía peores. Esto no es un ébola, afortunadamente.

Miguel del Pino Luengo es biólogo y catedrático de Ciencias Naturales.

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