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Miguel del Pino

Los otros salvadores de la fauna

Porque insistimos: la fauna doméstica extensiva no se puede gestionar por teletrabajo.

Miguel del Pino
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Porque insistimos: la fauna doméstica extensiva no se puede gestionar por teletrabajo.
Cordon Press

Los habitantes de la ciudad solemos adolecer de falta de empatía con los sufridos ganaderos y agricultores de lo que se viene últimamente llamando “España vaciada”, y por lo general no comprendemos los problemas con que deben enfrentarse en sus trabajos diarios. Cuando hay que afrontar una catástrofe ambiental sus esfuerzos lindan con el heroísmo.

No hace falta llegar a pasar por situaciones tan extremas como las planteadas por la “Filomena” de tan triste recuerdo; cualquier gran nevada invernal o las frecuentes sequías en la canícula hacen que la supervivencia de los animales mantenidos en régimen de ganadería extensiva dependa de que las personas que las cuidan tengan que llegar a jugarse su propia vida.

Aquí no existe el “teletrabajo”: cuando los animales que se mantienen en plena naturaleza, con refugios a veces rudimentarios, se enfrentan al hambre por cubrir la nevada los pastos de que se alimentan, hay que llegar hasta ellos como sea, afrontando toda clase de obstáculos y de rigores y transportando el peso del forraje del que dependen sus vidas. No es fácil de imaginar desde el ambiente urbano, pero tratemos de solidarizarnos con su epopeya.

La dureza de la ganadería extensiva

El mantenimiento de ganado en régimen extensivo implica un contacto entre animal y ganadero mucho menos estrecho que el propio de la ganadería intensiva en la que las reses o las aves están estabuladas en la inmediata proximidad del hombre, o incluso compartiendo su hábitat como en el caso de los legendarios caseríos vascos. Caballos, vacas, ovejas, cabras, cerdos y últimamente hasta bisontes y avestruces campan por sus respetos durante toda su placentera vida en plena naturaleza.

El paraíso extensivo encierra también sus problemas, como el de tener que soportar la presión de los predadores, con la consiguiente “guerra” que suelen entablarse entre éstos y el hombre de la que el ejemplo más conocido es el de los ataques por parte del lobo y en algunos casos del oso. Desde el Neolítico venimos siendo cazadores competidores, competencia en la que generalmente gana el hombre, aunque en ocasiones teniendo que pagar un fuerte tributo de reses perdidas.

La ganadería extensiva no sólo supone una marca de calidad para el ganado sino también una garantía de trato humanitario y, nunca mejor dicho, ecológico para los animales que tienen la suerte de acceder a esta forma de mantenimiento bien diferente a las condiciones de estabulación o vida en jaulas que suelen implicar las formas de explotación intensiva. En los últimos años el aumento de sensibilidad en torno al llamado “bienestar animal” que se viene observando en Europa viene acompañado de una superior estima hacia el ganado de producción extensiva.

De todas formas hay que tener cuidado con que los eufemismos y las exageraciones que a veces acompañan a la mercadotecnia no nos hagan caer el exageraciones propias de esa mentalidad Disney, productora que ahora renuncia a sus raíces renegando de sus “Dumbos” o “Peterpanes”, que es tanto como renunciar a su propia esencia; un tema del que próximamente hablaremos.

En el caso particular del ganado de lidia, siempre en régimen extensivo y a veces en condiciones muy agrestes debidas a la dificultad que implica su manejo por su característica agresividad, las pérdidas por la catastrófica Filomena han debido de resultar cuantiosas y así lo denuncia el conocido ganadero Victorino Martín, que llama la atención sobre la necesidad de sumar los resultados del desastre climático con el resto de las dificultades que se abaten sobre la raza bovina brava debidas a la pandemia. Pronto llegará el momento de inventariar y de valorar la situación de los efectivos de este precioso animal. De momento somos muy pesimistas.

Distintas razas y variedades de caballos, por lo general de tipos primitivos, se mantienen en España, especialmente en el norte, en régimen no solo extensivo, sino agreste y muy próximo a la libertad de la fauna salvaje; este tipo de ganado, si es que realmente se puede calificar así, es más difícil de salvar cuando necesita aporte de comida a causa de las grandes nevadas: caballos asturcones y otras razas autóctonas equinas y bovinas gallegas y asturianas u otras maravillas de nuestra fauna pueden haber sufrido pérdidas desastrosas por irreparables.

Los habitantes del medio rural en eterna desventaja respecto al “urbanita”

Pero no queremos que la casuística respecto a las variedades de fauna afectada por la mayor nevada de las últimas décadas nos desvíe del principal objeto de nuestra reflexión, que es el homenaje al ganadero, al agricultor y a todas las personas que viviendo en el medio rural evitan que España quede realmente vaciada. Es importante que se sientan arropados por quienes nos movemos en medios de vida y de trabajo más cómodos, ya que muchas veces no llegamos a valorar lo suficiente sus esfuerzos por mantener la pirámide de la alimentación humana.

Porque insistimos: la fauna doméstica extensiva no se puede gestionar por teletrabajo.

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